Columnistas

‘La Historia me absolverá’

Fidel expresó aquella frase porque estudió a fondo la situación de miseria y atraso del continente

La Razón / Gróver Cardozo

00:00 / 31 de julio de 2013

Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”, es la frase con la cual remató Fidel Castro su famoso alegato de defensa escrito en prisión, tras asaltar al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, junto a un grupo de jóvenes revolucionarios de la época. Ese gesto, esa actitud que Fidel y sus compañeros de lucha  asumieron aquel 26 de julio, encendió una llama que hoy está recorriendo como fantasma por toda América Latina,  con los nombres de “revolución ciudadana”, “revolución democrática y cultural”, “revolución bolivariana” y “revolución sandinista”, modificando para bien el presente y el futuro de todo el continente.

¿Qué motivó a Fidel y a sus compañeros a tomar por asalto un fortín militar, lleno de armas y soldados? Antes de aquel 26 de julio, Fidel se había nutrido del pensamiento y los principios de Martí, Marx, Lenin y Bolívar. Encontró en esa línea filosófica vertientes distintas, que confluyen en un humanismo real, ese humanismo que es consubstancial a una sociedad humana. Fidel expresó aquella frase porque desde muy joven estudió a fondo la situación de miseria y atraso del continente, y comprendió que en materia de pobreza Latinoamérica ya había tocado fondo y no podía descender aún más, sino que era tiempo de empezar a subir y a reescribir la historia, con base en la voluntad del hombre y los pueblos. Había llegado la hora de frenar el curso de aquella historia, que tenía a un carro que iba en bajada con grados de sumisión, docilidad y servidumbre pocas veces visto.

La Historia me absolverá es una pieza extraordinaria, porque en ella Fidel explica el derecho que tienen los pueblos de emanciparse, cuando el gobierno de turno se convierte en tirano y deja de gobernar con la proyección del bien común. Con su alegato, el Comandante no descubre la pólvora, sin embargo, tiene el mérito de apelar a datos históricos y a ideas políticas y sociales para reposicionar la condición humana de la gente, y así tocar la conciencia de los jóvenes, que desde ese momento lo acompañaron en la construcción de un camino de libertad.

Con La Historia me absolverá Fidel dio a todo el mundo, y sobre todo a la izquierda de los años 60 y 70, una magistral lección de construcción de discurso político, coherente y honesto. En ese libro Fidel no se mueve con  consignas o lugares comunes. Lo que hace es retratar la realidad latinoamericana y demostrar a los propios jueces que lo tenían en el banquillo del acusado que hasta ese momento el oprobio y la vergüenza habían golpeado muy fuerte a toda la región. En definitiva, Fidel parte de la realidad, para volver a la realidad. De ahí se deriva la fuerza del alegato.

Al conmemorar en Cuba los 60 años de la gesta del Moncada, el canciller ecuatoriano, Eduardo Patiño, sostuvo “desde que leímos ese libro nos hicimos revolucionarios”. El alegato es una piedra de toque para entender la revolución, para comprender la condición humana y la búsqueda de dignidad, porque contiene matrices fundamentales en la vida de todo ser humano y toda sociedad.

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