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Hnos. que se fueron

¡Cómo enriquecieron mi vida estos tres camaradas! Hijos de la resistencia, de la lucha contra la dictadura

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

02:58 / 06 de febrero de 2015

El primer golpe me vino estando de viaje. Veía Facebook cuando apareció la noticia de que mi amigo Rodrigo Daza había muerto en Medellín. Le había perdido la pista hace mucho tiempo. Era uno de los más firmes trotskistas de la universidad, un amigo fiel, un muchacho de familia acomodada que abandonó su egoísmo para sumarse a la causa de una mejor vida para los demás. Se fue hace años a la Argentina a trabajar como obrero, utilizando su conocimiento del alemán (había estudiado en el colegio de ese nombre) para armar imprentas, y ya no volví a saber de él hasta que me llegó la noticia de que se fue. Ni siquiera sé los detalles y eso también me duele. Y a los pocos día otro entrañable que se va, Pedro Lemebel, un extraordinario poeta que puso todo su dolor en las letras, su ser homosexual, su conciencia comunista. Un escritor atormentado, como lo son y como lo fueron los más grandes.

Finalmente, el golpe más duro, el que casi me tiende en la lona. Y es que la muerte de Carlos Villegas me dolió hasta las lágrimas. De verdad que era uno de los insustituibles, uno de los que a Bolivia le costará mucho reemplazar. Lo vi dos veces en diciembre antes de que viajara a Santiago. La primera en la entrega de medallas a docentes destacados en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA); cuando me tocó el turno, Carlos se paró (él estaba en primera fila) y me abrazó largamente con ese cariño que solo los amigos pueden tener. La segunda, en su despacho. Al despedirnos le dije que volviera, que resistiera, que lo necesitábamos, me prometió seguir, pero la dama de la negra guadaña le tenía ya reservado una última cueca con ella.

Tan diferentes los tres muertos que he tenido que velar últimamente. Y tan iguales. Hijos de la resistencia, de la lucha contra la dictadura, de la apuesta por una sociedad diferente, una construida bajo un tejido de hilos multicolores donde se construya armonía y donde nadie tenga el derecho a preferir lo injusto, como diría Benedetti.

¡Cómo enriquecieron mi vida estos tres camaradas! Pedro, desde su lucha con la pluma; Rodrigo, con la herramienta en la mano y un libro en el overol, como dice una canción que cantábamos en la universidad; y Carlos, haciendo realidad la utopía de recuperar Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) para los nuestros.

Todavía tengo una foto con Rodrigo en una huelga de hambre y otra con Villegas en una feria, abrazándolo y felicitándole por sus logros. De Lemebel tengo tres libros gastados de tanto leerlos; pero además tengo con ellos un montón de recuerdos, todos ellos iluminados por la Aurora.

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