Columnistas

Hombre de las máscaras

Los zapatistas supieron apostar por la paz y no por la guerra, por la vida y no por la muerte

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

02:09 / 30 de mayo de 2014

Sorpresivo, inesperado, desafiante. Desde aquel 1 de enero de 1994 en el que se levantaron en armas, mostrando que otro mundo era posible, que había alternativa a la noche negra del neoliberalismo, el movimiento zapatista viene asombrándonos.

Primero se lanzaron a la lucha armada para visibilizarse, para no ser más los “nadies”, para mostrar que existían. Luego determinaron construir su sociedad sin enfrentarse al Ejército mexicano. Y lograron crecer y ganarse la admiración de millones en el mundo entero.

No es que la administración mexicana no hubiera querido combatirlos. No pudo. Intentó movilizar a los soldados, y a través de todo el orbe se levantó una nube de protestas que hasta colapsaron el aparato cibernético del Estado.

Hoy los zapatistas son un referente mundial. No solo porque mostraron toda su fuerza, su entereza y su ética, sino porque, llegado el momento, supieron apostar por la paz y no por la guerra, por la vida y no por la muerte. No lo digo yo, sino el subcomandante Marcos en su última aparición.

Cuenta en su discurso Entre la luz y la sombra que la figura del sub fue construida por la propia comandancia indígena cuando se dieron cuenta de que, para los periodistas que venían de todas partes del mundo a cubrir el alzamiento zapatista, el único visible, el único al que querían entrevistar era al mestizo un poco más alto que los indios.

Marcos fue entonces un disfraz para contar lo que los zapatistas pensaban. Pero, claro, fue mucho más que una puesta en escena. Indudablemente Marcos es la creación de los zapatistas, pero también importa el individuo, el actor, ese hombre lleno de carisma, llámese lo que se llame, que eso de verdad nos vale madre. El hombre detrás del sub fue un poeta (y nada es más lúcido en el mundo que lo que se escribe en forma de poesía), un combatiente que vivió diez años con los indígenas y trabajó con ellos y para ellos.

Nace ahora el subcomandante Galeano. Nuevo nombre para marcar el ingreso a una nueva etapa de la lucha, aquella en la que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional sea capaz de consolidar su nueva sociedad en sus territorios.

Con qué ojos de asombro hemos vivido esta primera parte de la lucha. Con qué esperanza la hemos recibido, con qué ilusión hemos leído lo que los indígenas dictaban a Marcos, el escriba. Y ahí, en lo escrito y en lo vivido, nos damos cuenta de que el subcomandante vivirá por siempre.

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