Columnistas

Hombres necios

El machismo y la discriminación son prácticas no sólo condenables sino, felizmente, ilegales

La Razón / Ricardo Paz Ballivián

00:00 / 13 de febrero de 2012

El próximo año el colegio Bolívar de Cochabamba cumplirá 100 años de existencia, pero algunos alumnos y padres de familia parecen no haberse enterado y se quedaron congelados a principios del siglo pasado. En una actitud insólita y que demuestra un machismo trasnochado, estos padres y alumnos tratan de impedir que diez alumnas pasen clases en el establecimiento. Las jóvenes tuvieron que padecer una abierta hostilidad desde que se presentaron para inscribirse. A la fuerza, no les permitieron hacerlo, pero ellas, con una determinación admirable, lograron que la Dirección Departamental de Educación ordene al colegio aceptarlas y tramitaron una escolta de la fuerza pública para garantizar su asistencia a las aulas.

Una vez instaladas, sus compañeros, excepto uno, se retiraron “indignados” y se negaron a pasar clases. Inmediatamente después, la Junta Escolar, compuesta mayoritariamente de madres (aunque usted no lo crea), expulsó al director del establecimiento. Felizmente, parece que las señoritas están decididas a pasar clases, tanto que una de ellas dijo que “ya hemos entrado al colegio y de aquí en adelante vamos a estudiar, no nos amedrentarán, nosotras somos fuertes y vamos a seguir con esta lucha”. Declaración que merece nuestro apoyo y compromiso y, esperamos, el respaldo irrestricto de las autoridades.

Salvando las obvias diferencias, el acontecimiento nos recuerda a la famosa “parada en la puerta de la escuela”, un incidente que tuvo lugar en la Universidad de Alabama el 11 de junio de 1963, cuando George Wallace, entonces gobernador, se plantó en la puerta del auditorio para bloquear la entrada de dos estudiantes negros, Vivian Malone Jones y James Hood.

Es increíble que en estos tiempos podamos estar comentando (y lamentando) acciones como las cometidas por esos padres y alumnos del colegio Bolívar, pero peor todavía es enterarnos de que no se trata de un caso aislado sino que es una práctica (esto de impedir la inscripción de mujeres) en por lo menos otros dos colegios en la ciudad de La Paz (Bolívar y Díaz Villamil).

El machismo y la discriminación son prácticas no sólo condenables sino, felizmente, ilegales y que deben ser sancionadas con todo el peso de la ley. Es inadmisible que se toleren estos extremos en una nación que se precia de estar viviendo la culminación de un proceso de ciudadanización plena iniciado hace 60 años.

La lacerante realidad del maltrato intrafamiliar, el ejercicio cotidiano de la violencia contra los más débiles y otras taras que arrastra nuestra sociedad nacen de permitir que padres y alumnos, como los mencionados del colegio Bolívar, actúen con impunidad. Es hora de decir basta y de agradecer a esas jóvenes valientes y a ese solitario y decente compañero por recordarnos el valor de la igualdad.

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