Columnistas

Homenaje a Freddy Beltrán Robles

Beltrán era de aquellos que dedican alma, vida y corazón a todo lo que hacen, con un gran sentido del humor

La Razón / Jaime Durán Chuquimia

01:07 / 23 de noviembre de 2012

Noviembre es un mes triste. Nos ha dejado Freddy Beltrán Robles, quien no pudo recuperarse de complicaciones de una vieja enfermedad. Tuve el honor de conocerlo en 2008, entonces era director del Ministerio de Minería y Metalurgia cuando el responsable de ese sector era Luis Alberto Echazú. Guardo los más gratos recuerdos de aquellos momentos. Al mando de la institución existía un equipo de expertos en todas las áreas del sector. Fue también la época en la que el desempeño minero presentó resultados importantes: creció en 54% en 2008, y 12% en 2009. Años en los que pusimos en marcha la refinadora de cobre de Corocoro y dimos los primeros pasos en la industrialización del salar de Uyuni.

Entre todos los que participamos de esta belle epoque resaltaba Freddy, a quien cariñosamente llamábamos Negrito. No con un afán despectivo sino como parte de la camaradería que se forma cuando un grupo tiene un objetivo común y no escatima el tiempo para seguir a una causa. Beltrán era de los que se dedicaba alma, vida y corazón a lo que hacía. Pero ese apasionamiento se unía a un profundo sentido del humor. Con frecuencia nuestras reuniones eran tensas (la minería ha sido, y es, un sector conflictivo), pero ahí estaba él para poner una dosis de humor y picardía, que nos permitía reírnos de nosotros mismos y de nuestra seriedad que poco contribuía a encontrar soluciones. Huelga decir que tras tener la mente despejada podíamos acometer con mayor seguridad grandes empresas.

Su sentido era profundamente humano. No creía en soluciones por la vía de la imposición. Solía decir que el mejor acuerdo era un “mal acuerdo”. Porque ese no contentaba a nadie, lo cual significaba que todos tuvieron que ceder. A llegar a buen puerto ayudaba mucho su profundo conocimiento técnico, su destreza para sintetizar y su habilidad para manejar el lenguaje. Pocas palabras necesitaba este valioso hombre para decir lo esencial. Pocas palabras requería para expresar que tras los aspectos técnicos, los cálculos económicos y las declaraciones de principios, se encontraban mujeres y hombres que necesitaban un ingreso para llenar la olla, para sobrevivir en un mundo que los condenaba a horadar la tierra para encontrar cada vez más escasos minerales.

Nuestro Negrito querido era leal ante cualquier circunstancia. No dudaba en defender al proceso de cambio. Pero era leal consigo mismo. Más de una vez cuestionó al Gobierno en temas sensibles, pero (cosa rara) no lo hacía por cálculo político o por el afán de figurar. Lo hacía sencillamente porque siempre estaba en paz con su conciencia. Eterno Quijote, defendía con convicción sus ideas.

A la distancia te digo, Negrito querido, que no te has ido. Vivirás siempre en nuestros recuerdos y en todas las cosas que soñamos hacer juntos. Lo único de malo será que ya no podremos compartir la tantas veces aplazada tacita de café que prometimos tomar cuando te nombraron viceministro... Eso hasta que pueda alcanzar a vuestro inquieto espíritu donde quiera que se encuentre. Hasta siempre.

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