Columnistas

Homenaje a ‘Pancho’ Otero Bailey

Para Otero, el microcrédito era una de las herramientas más poderosas para erradicar la pobreza

La Razón (Edición Impresa) / Humberto Marín

00:54 / 30 de julio de 2014

Gracias a un mensaje electrónico de un gran amigo inmiscuido también en las microfinanzas me enteré del reciente fallecimiento de Pancho Otero Bailey, un gurú de las microfinanzas; y no pude dejar de escribir sobre la vida y obra de ese gran hombre. Lo hago con el corazón y el sentimiento hacia una persona que formó varias generaciones de profesionales en las microfinanzas, construyendo instituciones financieras en el país y a lo largo del mundo bajo diferentes modelos (como organizaciones no gubernamentales, fundaciones, fondos financieros, bancos, entre otros).

Independientemente del modelo elegido para su fundación, el principal objetivo de las instituciones promovidas por Otero era ampliar el acceso a los servicios financieros para la población que no tenía acceso formal a dicho sistema. En muchas de las entrevistas que concedió resalta la importancia de no confundir a las microfinanzas como “finanzas pequeñas”, y de no someterlas a las reglas estandarizadas del sistema bancario, pues se trataba de otro tipo de proyecto. Para él, el microcrédito era “la herramienta más poderosa que se ha inventado para erradicar la pobreza de un país”. 

Otero, quien radicaba en la ciudad de Santa Cruz, fue uno de los pioneros de las microfinanzas en Bolivia y fue el primer gerente general de BancoSol. Fue quien demostró que se podía crear una entidad microfinanciera en Bolivia a una gran escala y con un repago del 100%, demostrando que la teoría es buena, pero mucho mejor es su aplicación. También demostró que se podía cambiar la banca, colocando a Bolivia como un referente para el mundo en microfinanzas.

Muchos de nosotros, como decía mi amigo Manuel, recordamos cómo en los 90 nos hizo partícipes de su locura: BancoSol, el banco de los pobres...

¿Cómo olvidar a ese loco fanático de las microfinanzas, que creía firmemente que en nuestro país se podía trabajar con base en la confianza, que era factible construir una empresa de excelencia y compromiso, que se podía otorgar créditos evaluando y mirando el brillo de los ojos? Un loco que creía que estábamos listos para construir culturas de calidad y compromiso, organizaciones horizontales sin jefes ni relojes marca tarjetas y medio día libre al mes, basadas en liderazgo y autogerencia. Le encantaba la gente con estudios en la “escuela de la vida, universidad de la calle”. Era tan visionario que planteaba que las empresas deberían ser centros de aprendizaje (algo corriente en otros países hoy en día), que era posible trabajar en Bolivia bajo sistemas de calidad total, que las empresas de excelencia solo se construyen con gente de excelencia, que el trabajo podía ser fuente de autorrealización personal.

Y así, con estos criterios, formó, un tremendo equipo, grandes personas y amigos que a lo largo del país y el mundo siguen practicando estas locuras, con éxitos tan relevantes como exportar capacitación en microfinanzas, logros y triunfos que merecen otra nota. Por lo pronto, a las miles de personas que tuvimos la oportunidad de conocer a Pancho Otero, de aprender de él, de trabajar codo a codo, de compartir su amistad, de ser parte del equipo que logró plasmar estos sueños, los locos que ahora quedamos, los ex del BancoSol, solo nos queda desear que descanse en paz ese gran hombre que, como dice María Elena, murió en su ley, trabajando por los pobres en la patria grande... sin lugar a dudas, un líder inigualable e inmemorable.

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