Columnistas

Homenajes

A 35 años de todo esto, elevo tributo personal de gratitud y honra  por los que cayeron

La Razón (Edición Impresa) / Cergio Prudencio

00:01 / 19 de abril de 2015

El año 1980 queda en mi memoria como un hito temporal inconfundible. Lidia Gueiler Tejada, presidenta de Bolivia, a la cabeza de un frágil gobierno, con militares al acecho casi a diario, como el lobo, que viene, que no viene, hasta que vino.

Una mañana supimos de la desaparición de Luis Espinal. No volvió nunca a su casa. Era marzo. Se las jugaba desde el semanario Aquí en esperadas ediciones de viernes, para darnos opción de resistir la intimidación predominante, apegados a la palabra libre de esa prensa valiente.

Por esos mismos meses, Quiroga Santa Cruz avizoró su muerte. Consciente de los intereses que afectaba con el juicio de responsabilidades a Banzer, asumió en lucidez las posibles derivaciones de su coherencia política, y hasta declaró que dejaría documentación sobre quiénes le cobrarían la vida en bóvedas del Banco Central. Desaparecido.

La poesía de Blanca Wiethüchter germinaba en el dolor de la masacre de Todos Santos y en su asombro por la ciudad y sus habitantes. Implacable y tierna. Mientras, alguien pensó: 200 años, ¿quién dijo Túpac Katari? Existió alguna vez y ronda por aquí. Sépanlo.

En esa atmósfera emergió la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN), con la UMSA como cuna. El concierto fundacional del 9 de mayo congregó en el Paraninfo a autoridades nacionales: Gueiler y su gabinete, la COB de Simón Reyes, desde luego el rector Hugo Mancilla (incondicional propulsor de la propuesta) y el bullente estudiantado, incrédulos todos ante las atronadoras exclamaciones de unos instrumentos que anticipaban en décadas los tiempos de la enmienda, ¿en ecos de 200 años?

De pronto es estado de sitio. Tanques y ambulancias son lo mismo. Ni un alma a las nueve de la noche. El silencio es la única manifestación posible. Y el miedo. Allanamientos, apresamientos, asilos, exilios, muertos. Marchas militares preludian discursos uniformados. Como en La naranja mecánica, la música se hace estímulo aversivo. Hasta hoy. Portar el “testamento bajo el brazo” es condición para asomar a la calle. Todo el mundo a redactar.

Es septiembre y amanezco en Caracas. Nadie habla de política. ¿Qué es eso, chico? Aquí impera la democracia pactada desde 1961. Todos beben whisky y tienen carro, viajan a Miami y compran y compran. Muchachitos tocan compulsivos Tchaikowsky en orquestas diseminadas por el territorio patrio. Y dale con la Obertura 1812. Pero Venezuela es solidaria y generosa: acoge a uruguayos, chilenos, argentinos y bolivianos desplazados de la dictadura, y les da hogar y calor de arepas y pabellones criollos y salsa de la acompasada. Terapia de diversión, que no de olvido. Noticia: en Manhattan matan a Lennon.

A 35 años de todo esto, y de tanto más que mi memoria calla, elevo tributo personal de gratitud y honra por los que cayeron; por los que no cayeron entonces ni después (en integridad o en suerte); por la OEIN resonante; y por los adoquines retirados de las calles de aquel escenario surrealista. NdE. Hace dos semanas salió publicado este mismo texto pero incompleto, error que enmendamos en esta nueva versión.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia