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Hospital Luis Uría

Es probable que el modelo de atención del hospital Luis Uría haya sido emulado por otros centros de la CNS

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz Terán

00:00 / 12 de abril de 2015

Cuando salta un tema vinculado con el sistema público de salud, las críticas y las denuncias son frecuentes. De igual manera, es poco probable que la Caja Nacional de Salud (CNS), la entidad aseguradora más grande del país, sea valorada públicamente por atender adecuadamente a sus pacientes, pero hay excepciones que hay que anotarlas sin mezquindad.

La infraestructura es modesta y, seguramente, los expertos ya habrán aconsejado mejoras que no deberían esperar por mucho más tiempo. En concreto me refiero al hospital Luis Uría de la Oliva, el número ocho en la codificación de la Caja Nacional de Salud, que está ubicado en el barrio paceño de Villa Copacabana, “un poco a trasmano”, según los vecinos.

Hace poco llegué allí para enfrentar un tratamiento médico que, comentarlo aquí con detalle, no viene al caso. Lo que sí es de mayor interés es el trato humano y cordial que los asegurados reciben en este centro hospitalario. Los médicos son pacientes a la hora de informar con detalle los problemas que enfrentan los hospitalizados y el tratamiento que van a aplicar; lo hacen con todos, sin hacer mayores distinciones. Las enfermeras, apoyadas por los internos (estudiantes de los últimos años de medicina), están cerca de los pacientes con sus tensiómetros y termómetros. Añadir algo sobre la comida resultaría insípido.

Con la intuición de un simple aficionado, uno queda admirado por alguno de los equipos que hay en ese nosocomio. En la sala de cardiología existen pantallas, algunas de ellas táctiles o manipuladas con punteros, tensiómetros de precisión que llegan a imprimir en un papel el resultado del diagnóstico. En el quirófano se pueden observar otras delgadas pantallas, que reportan imágenes y gráficos de signos vitales.

Seguramente faltan otros equipos, pero es inevitable comparar esa realidad con la que uno suele observar cuando llega, en primera instancia, a los policonsultorios de la Caja Nacional de Salud, donde aún existen máquinas de escribir que literalmente clavan los nombres de los pacientes en los papiros.

Es muy probable que el modelo de atención que se aplica en el hospital Luis Uría haya sido emulado por otros centros de la CNS, caja que aún enfrenta serios problemas de saturación por la gran cantidad de asegurados (supera el millón en todo el país), una realidad que urge instalar un sistema digitalizado de registro de todos los beneficiados y la descentralización de los hospitales. Por mi parte, y a pesar del buen trato recibido, espero no volver a un hospital en calidad de paciente, duele y asusta. ¡Salud!

Es periodista de La Razón.

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