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Humor urbano

El humor urbano es otra forma de protestar contra hechos citadinos y de justificar ciertas verdades

La Razón / Patricia Vargas

01:09 / 05 de septiembre de 2013

El humor urbano en las ciudades nunca ha necesitado de algún lugar especial para sus distintas expresiones. Todo lo contrario, quienes lo practican y lo proyectan generalmente rechazan todo templo del silencio (destinado éste para otras expresiones), y prefieren sitios cualesquiera, y si es posible los menos vistosos y atractivos, para este tipo de escritos.

Tampoco dejan de estar presentes en los espacios públicos, que están abiertos a la estimulación de distintas expresiones de la sociedad. Nos referimos a la escritura territorial de la ciudad.

Si bien este tipo de expresión urbana podría ser confundido o considerado igual a los grafitis tradicionales en cuanto a su forma de expresión (la escritura), aquéllos buscan —en la mayoría de los casos— afirmar presencias y posición política de grupo en distintos barrios o ciudades, tal como señalan ciertos escritos. En cambio, el humor urbano tiene un carácter más simple y está referido al comentario sobre ciertos hechos de la ciudad. Su singularidad radica en la simplicidad y libertad de expresar sensaciones, con argumentos que se respaldan o son explotados en las anomalías urbanas.

De esa manera, la cohesión entre lo irónico y la problemática citadina presenta resultados que se sustentan en el abundante aprovechamiento de significados sobre el constructo cotidiano, mostrando en esos escritos situaciones que no están muy lejos de lo real. A fin de cuentas, es otro tipo de estrategia que utiliza el buen humor para plantear “protestas”. Así, las distintas realidades urbanas son una fuente de inspiración, que generalmente son caricaturizadas creativamente. Sin embargo, ese toque singular extrae distintas reacciones, como la risa del transeúnte o del lector. Sobre esto último, cabe aclarar que la risa, cuando se desmitifica, propone cuestionamientos.

La Paz es una ciudad que desde hace casi dos siglos ha estado rodeada del quehacer político, y aquello de alguna manera forma parte de su diario vivir, habiéndose convertido en una especie de leitmotiv del diálogo cotidiano y sus diversos análisis. Empero, como en todo, la comunicación es el gran poder de este tiempo, pues logra la extensión de nuevas expresiones sociales como el humor urbano, que hoy hacen ya presencia o reaparecen en esta ciudad.

Si bien el habitante de esta tierra en altura no tiene mucho sentido del humor, en momentos de alegría grupales esa postura parca y hasta parsimoniosa puede quebrarse y desbordarse en creatividad, aportando nuevas ocurrencias, por ejemplo en mensajes urbanos empapados de verdades. Dichos mensajes se encuentran en ciertas calles del centro antiguo de La Paz. Así, por ejemplo, en un lugar donde las esquinas presentan un radio de giro cerrado para los vehículos, se lee: “Aquí, los automóviles tienen terminantemente prohibido tocarse”. En otro caso se indica: “Mi comarca baila tanto, que sus calles están ya agrietadas”.

El humor urbano es una forma distinta de protestar sobre hechos citadinos, y posiblemente la menos compulsiva al momento de argumentar o justificar ciertas verdades. La sutileza es la fuerza de su trasfondo.

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