Columnistas

Huracanes de marzo

El papa Francisco llegó con inusuales mensajes de humildad y ejemplos de austeridad

La Razón / José Rafael Vilar

01:06 / 19 de marzo de 2013

Los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de condiciones económicas injustas que originan las grandes desigualdades” (papa Francisco).

Un huracán que llega. Francisco llegó con inusuales mensajes de humildad y ejemplos de austeridad, pero también demostró sus convicciones cuando ordenó expulsar al cardenal Law (encubridor de muchos sacerdotes pederastas en EEUU) de su cómodo exilio en la Basílica romana Santa María La Mayor, y enviarlo a clausura. Con esa determinación, el Papa deberá enfrentar las ingentes tareas que le esperan.

Conocidos son los escándalos del denominado informe Vatileaks, que desnudó (Benedicto dijo que el Diablo es el que engaña con el poder, el éxito y los bienes materiales) corrupción en esferas cercanas a la curia romana (el Gobierno vaticano) e incumplimiento de mandamientos, así como manejos turbios en el Instituto para las Obras de Religión (el “banco” del Vaticano), recién acusado de lavado de dinero. La labor iniciada por Benedicto XVI para romper el silencio y encubrimiento sobre los casos de pedofilia cometidos por eclesiásticos es otra de las tareas que le esperan. Con ello, proveerá una voz comprometida socialmente a la Iglesia en el Año de la Fe.

Pero no son sus únicos retos: deberá mejorar las relaciones con los musulmanes y hebreos, avanzar en el ecumenismo real potenciado por Juan Pablo II, y recuperar el espíritu social del Vaticano II; así como frenar el drenaje de fieles hacia las denominaciones evangélicas y el ateísmo. Tampoco podrá excluir las discusiones (cada vez más urgentes) sobre el celibato y la ordenación femenina, ni silenciar voces “disidentes”, democratizando la Iglesia como lo hizo el Vaticano II; tareas que pudieran serle mucho más difíciles.

Un huracán que se va. Con amores y odios llenos de pasión, Hugo Chávez Frías ya no está para convencer a los pobres que es su hora y para atacar (con muchos denuestos usualmente) a los que no comulgaban con él; el hombre que fue eje de Venezuela en los últimos 20 años y principal actor en Latinoamérica, telúrico y arrollador, destruyendo todo lo que le estorbara y reconstruyéndolo proclive para su propósito, recuperó su país para los olvidados y supo hablarles de sus aspiraciones, pero no supo consensuar ni, en medio de la mayor riqueza posible (nunca el petróleo valió tanto), potenciar la economía venezolana y hacerla sostenible.

Pasado el llanto del luto humilde y de los que bien lo quisieron, dentro y fuera de sus fronteras, sus seguidores deberán continuar su proceso. Pero sus herederos, sin el carisma ni la capacidad de movilización del caudillo, tendrán como reto inmensurable recuperar la economía y hacerla eficiente para continuar el beneficio social, tarea titánica (si no imposible) si su herramienta es sólo discurso.

Mi oración por el eterno descanso del alma inmortal del hombre que una vez dijo: “No podemos subestimar al adversario en ninguna batalla, ni en la guerra ni en la política. Al adversario hay que darle su justo peso.”

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