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Ichapekene Piesta
Lo interesante del logro es que fue una acción conjunta impulsada por un cabildo indígena
La Razón / Homero Carvalho - es escritor.
00:00 / 23 de diciembre de 2012
Conocí San Ignacio de Moxos en la década de los setenta, fui un 31 de julio a la fiesta patronal junto a mi padre y a Fernando Cajías, historiador paceño; todos quedamos fascinados por lo que vimos: imponentes danzas indígenas acompañadas de músicos tocando flautas, violines, bombos, bajones, sancutis, tambores y cajas, que hicieron su entrada triunfal hacia la iglesia del pueblo.
La entrada folklórica del 31 de julio es solamente la coronación de un acontecimiento mayor que se inicia meses antes: la Ichapekene Piesta, la fiesta grande de los moxeños, que hace unas semanas fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad e inscrita en los registros del Comité para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. Si bien las danzas tienen un origen precolonial, se encuentra en ellas una gran y definitiva influencia católica impuesta por los sacerdotes jesuitas que fueron expulsados de las misiones americanas en 1776.
Pese a la expulsión de la Compañía de Jesús, los sacerdotes católicos que los reemplazaron no pudieron extirpar las supuestas idolatrías y no pudieron erradicar toda la cosmovisión animista y mágica de los moxeños y se creó una extraordinaria cultura religiosa sincrética, en la que la Trinidad cristiana y los santos del panteón católico se mezclan con los seres sobrenaturales de los moxeños, especialmente con los dueños de la naturaleza. Tuvieron que conformarse con las representaciones moxeñas, dando lugar a una de las manifestaciones artísticas más importantes de nuestro país.
Entre estas manifestaciones tenemos a los Macheteros o Chiripiruana, con sus vistosos tocados de plumas de aves (yususe) como la paraba que representan a los rayos del sol, visten camijeta y llevan cascabeles de semillas en los tobillos; los Macheteros son una especie de guardianes de la iglesia y de sus propia gente; los sargentos judíos que representan a los soldados romanos y judíos; los Achus o abuelos que representan a sus antepasados tanto humanos como sobrenaturales que fueron vencidos por San Ignacio de Loyola; los Angelitos que representan a los ángeles que bajaron a cuidar del Niño Jesús; Juan y Juana Tacora que hace referencia a gigantes de la mitología moxeña. Y así siguen otras danzas como los Chunchos, Chinisire, Mascaritas, Toritos, Japutuki, Pescaditos, Ichine que representa a los tigres, un animal muy querido entre los indígenas de la Amazonía boliviana. Todas las danzas tienen el fin común de mostrar la defensa de la Santa bandera de la cristiandad, batalla en la que participan cristianos y seres sobrenaturales contra los enemigos de la religión.
Lo interesante del logro es que fue una acción conjunta, impulsada por el cabildo indígena de San Ignacio de Moxos, en la que tuvieron que ver profesionales benianos y paceños, auspiciados por el Ministerio de Culturas. La Ichapekene Piesta es una magnífica muestra de que la vestimenta, la danza, la música, el canto, el comer y el beber, tiene una significación especial en nuestros pueblos.
Etiquetas
Ichapekene, Piesta