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Los sindicatos del autotransporte están alistando sus ‘armas’ para impedir el beneficio común

La Razón / Carlos Villagomez

00:10 / 27 de diciembre de 2011

Con ánimo navideño cambio el tono y despacho unas ideas de fin de año. Esta ciudad tiene algo más de un millón de habitantes; es decir, somos ridículamente pequeños, pero a la vez, incapaces de resolver nuestros problemas. De acuerdo con las encuestas, los paceños y paceñas destacamos dos problemas: el transporte y la seguridad ciudadana. A ellos se responde con planes y políticas municipales que, la mayoría de las veces, creo que son paliativos y no llegan al origen.

Apoyo vehementemente el proyecto estrella llamado “La Paz Bus”, sabiendo que sólo es un atenuante al barullo de nuestros movimientos urbanos. Es un proyecto que debe vencer muchas dificultades, la mayor: la intolerancia y el abuso de los sindicatos del autotransporte. Sabemos que estas mafias están alistando sus “armas”, ¿para qué? Pues, para impedir el beneficio común.

A mi juicio, debemos acompañar el proyecto con un plan de descentralización, a mediano y largo plazo, del centro paceño. No es posible, por ejemplo, que sigamos manteniendo enormes masas de burócratas estatales y municipales amontonados en 30 manzanos. Esto genera ese infierno llamado centro; esto causa que esa mafia motorizada quiera pasar, sin excepciones, por el eje troncal. Ahí está el negocio de llevar gente. ¿Por qué no desplazamos a la gente y mejoramos su calidad de vida?

El crecimiento de la delincuencia urbana tiene muchas raíces y una de ellas es el sentimiento de abandono y discriminación de los jóvenes de la marginalidad. Para este tema, sugiero que revisemos la experiencia de la ciudad de Medellín. Esta ciudad colombiana bajó ostensiblemente sus índices de violencia con un plan de renovación urbana que incluía equipamientos sociales, culturales y deportivos, ligados con considerables parques en las zonas más deprimidas y violentas. Es decir, llevaron civilización urbana ahí donde no existía. Así, Medellín dejó de ser una de las ciudades más invivibles del planeta.

Vinculado con su sistema de transporte masivo, los habitantes de toda la ciudad visitan esas obras y, donde sólo existía delincuencia, se generó vida urbana y se elevó la autoestima.

El razonamiento es simple. Antepones a las licorerías y al lagarteo, una biblioteca, una mediateca o un polideportivo en un gran parque. Todo construido con mentalidad de este siglo, es decir, con proyectos significativos y no con obras de alasitas. Así se eleva la calidad de vida de esas zonas y se deja ese rol tan deprimente de andar persiguiendo con palo a borrachos y malvivientes.

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