Columnistas

Idiotas y críticos, que no es lo mismo*

‘La crítica de cine es una batalla perdida, pero las batallas están para eso, para darse’ (Pedro Susz).

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

01:33 / 29 de marzo de 2017

Dijo (Jorge) Sanjinés en una entrevista en 2000: “Es difícil aceptar una crítica mala, a los cineastas nos duele, pocas veces la aceptamos de buena gana. La reacción es de rechazo, porque uno cree mucho en el trabajo que hace. Sin embargo, a mí me ha pasado que en un primer momento he rechazado una crítica. Luego pasa el tiempo y me he dicho: tenía razón. ¿Por qué me he enojado tanto? Menos mal que no lo he expresado públicamente, pues hubiese quedado como un idiota”.

La crítica (de cine) es una opinión formada. Nada más, nada menos. No nos hace caso ni Dios y nos leen cuatro gatos, entre cuates y colegas. Somos privilegiados y capísimos para perder amigos y fabricar enemistades por egos inflados y heridos. La semana pasada, con motivo de las Jornadas de Cine Boliviano, se celebró en la Cinemateca una mesa de debate con 50 personas de público. El maestro Pedro Susz Kohl, tenaz defensor del valor pedagógico e ideológico de la crítica, dijo: “La crítica de cine es una batalla perdida, pero las batallas están para eso, para darse”. ¿Cuántos directores de cine acudieron a las jornadas? Ninguno. ¿Leen, como aconsejó en La Paz el bueno de Werner Herzog, nuestros directores de cine? No sé. Por lo menos, periódicos no leen. Por eso, los hacedores de cine fueron los grandes ausentes de dichas jornadas.

Los críticos somos cineastas frustrados, somos ignorantes, pésimas personas, sabihondos, irremediablemente onanistas y, por supuesto, somos peligrosos “comunistas”. Podemos llegar a ser incluso “estudiantes de comunicación frustrados”. Así se lo dijo públicamente Bellott (Rodrigo) a De la Zerda (Sergio) cuando éste último criticó hace años su “llamita blanca”. Sergio, como todos los críticos, tiene un cerebro lleno de verdades absolutas. Bellott no hace películas para destruir, a diferencia de los artículos de De la Zerda: “Espero que puedas formarte, no te deseo el mal, como están acostumbrados los cochabambinos a pensar”, cerraba el bueno de Rodrigo aquella olvidada polémica en el suplemento La Ramona. Feo es ser crítico, pero crítico “cochala” debe ser el summum de las desgracias.

Además de fracasados, somos ignorantes. No tenemos formación ni nunca la tendremos si seguimos sacando la mierda a las malas películas bolivianas, la “promiscuidad de lo malo” (la colega Mónica Heinrich dixit). Un veterano actor de teatro, en una ocasión, tras leer una mala crítica de su obra, me disparó directamente a la cabeza: ¿dónde has estudiado teatro? ¿Dónde has actuado? ¿Dónde te has formado? O sea: ignorante, ¿contra quién has empatado? ¿Has pateado pelota alguna vez en tu vida? Somos proyecto de futbolistas (cuando se comenta fútbol) o aprendices de teatrero (si está el teatro en juego).

La crítica es un (inútil) deporte de alto riesgo. Pierdes amigos, ganas enemigos, y evidentemente eres un amargado solitario sin remedio, hayas hecho lo que hayas hecho en tu bochornosa existencia. Un productor llegó a decirme públicamente que mi vida era una larga amargura, que no tenía ni amigos, ni chica, ni familia que me aguante (eso es verdad). Y que ahí estaba la explicación de mis malas críticas (eso es mentira).

En ese pasado que siempre es mejor, la crítica montaba polémicas en cada estreno boliviano, para bien o para mal. ¿Podemos decir lo mismo ahora? Imposible, estamos mirando como bobos nuestro teléfono inteligente. Ahora muchos prefieren el silencio, que es la peor de las críticas. Polémicas eran las de antes, incluso registro una sobre el cine porno (entre Guisoni y Sampietro en el Fondo Negro) o una entre Susz, Fer Molina y el que esto escribe sobre… ¡Juana de Arco de Besson! Quizás la última buena polémica la regaló la revisionista-fascista Olvidados, de un mexicano que no recuerdo con nuestra Carla Ortiz. Ésta última no se quedó atrás y añadió un nuevo adjetivo para el menguante colectivo de críticos bolivianos: ¡comunistas! Ortiz se podía haber callado en siete idiomas como Sanjinés, pero prefirió quedar como una idiota. Idiotas y críticos, que no es lo mismo, aunque estemos todos manoseados en el mismo lodo. (*Dedicado a la memoria y recuerdo de los críticos Franchesco Díaz Mariscal y Miguel Ángel Tamayo Cruz). 

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