Columnistas

Iguales y diferentes

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri Salmón

00:21 / 05 de enero de 2018

Debió ser 1996 o 1997. Eran las eliminatorias del mundial, y creo que se jugaba por primera vez todos contra todos. Papá mandó a comprar abonos en preferencia y fuimos asistiendo partido tras partido, sufriendo y perdiendo las ilusiones fecha tras fecha (una historia que se sigue repitiendo).

Para mi mala suerte (y la de él), los abonos justo delante de nuestros asientos fueron adquiridos por un periodista que fue autoridad de un gobierno de los que llamamos neoliberal, y yo soñaba con subvertirlo todo hasta la subversión. Así que nos veíamos con cara de perros y apenas nos saludábamos.

Bueno, así estábamos hasta que vino un partido difícil contra algún grande. Y el balón no entraba en la portería contraria hasta que vino el tanto agónico; y saltamos y gritamos y nos abrazamos, primero a papá, luego a mi hermano y… me encontré cara a cara con él. Seguramente ambos dijimos para nuestros adentros “¡qué diablos!” y nos abrazamos también. Desde ese día somos muy amigos.

Seguimos sin congeniar en política, pero lo tomamos con humor y apostamos por otras cosas. Y hasta cuando no opinamos lo mismo nos reímos, tal vez porque en el fondo comprendemos que no hay verdades absolutas. Pero sobre todo porque con ese abrazo en el Hernando Siles habíamos firmado un pacto: era más lo que nos unía que lo que nos separaba; que las diferencias en el fondo son respetables y hasta necesarias, pero que no pueden anular cosas que deberíamos emprender juntos, como amar a Bolivia, como alegrarnos de que ganemos, por fin.

Veinte años después, Hernán sigue siendo mi cuate. Lo respeto, y él a mí. Mucha agua ha corrido bajo el río y quizá él ni se acuerde de ese abrazo. Pero creo que esta historia debería servir para enfrentar los conflictos.

Los científicos han descubierto que los chimpancés desarrollan las tres actividades básicas de los seres humanos: el uso de las alianzas, la administración de la violencia y el arte del engaño. Usan incluso el sexo para afirmar el poder y los pactos. Pero después de la guerra, vuelven a repartir los roles y llegan los abrazos.

En el conflicto médico la base es “los bolivianos nos merecemos un servicio de salud mejor y para todos”. Eso quiere decir mayor infraestructura, reestructuración de las cajas de seguridad social y mayor trabajo de los galenos. Bueno, si eso nos une, hagamos un pacto nacional en torno a ello. Y apartemos del camino a los que quieren la destrucción de todo el Código Penal y que en sus delirios sueñan con que Evo deje de ser presidente. Con esos aliados, los médicos no irán a ninguna parte. Trabajando juntos Bolivia le meterá un golazo a la pobreza.

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