Columnistas

Ilusión de lo jurídico

La ilusión se origina en la pretensión de resumir la política y la sociedad en el discurso jurídico

La Razón / Jorge Komadina

03:35 / 16 de febrero de 2012

Mi trabajo de sociólogo me ha conducido a muchas reuniones, asambleas, seminarios y talleres, convocados por las más diversas organizaciones sociales, en distintas regiones del país. Los asistentes a esos eventos, dirigentes sociales o simplemente vecinos y comunarios, suelen construir sus acuerdos en base a una deliberación complicada, cuyos efectos retóricos se confunden con los argumentos racionales y jurídicos.  

Durante la deliberación, inevitablemente, se hacen frecuentes referencias a las leyes y se citan de memoria o se leen artículos, parágrafos e incisos de algún documento legal. La toma de decisiones está siempre apoyada en cierta interpretación de las leyes, ya sea para explicitar un derecho colectivo, para fundamentar una demanda corporativa o para evaluar la gestión gubernamental. Citar un texto legal es apelar a un argumento de autoridad, definitivo, pero además la cita legal envuelve al orador con un halo de prestigio.

Estos hábitos discursivos me hacen pensar que la cultura política boliviana está impregnada por una suerte de “ilusión de lo jurídico”, y por tal comprendo una panoplia de representaciones y creencias positivas sobre el derecho, sus instituciones y su eficacia como instrumento de gobernabilidad. Basta observar cómo, en los últimos años, el gobierno del MAS y los líderes de las principales organizaciones sociales han privilegiado una estrategia de transformación social por vía de reformas jurídicas. El momento más denso de ese proceso fue la aprobación de la Constitución, que produjo una suerte de vértigo jurídico, un vacío legal que debía colmarse elaborando varias centenas o miles de leyes. La clase política fue afectada por el célebre “síndrome de legislitis aguda”, enfermedad crónica y de difícil tratamiento.

Volvamos al asunto de la ilusión, ella se origina en la pretensión de resumir la política, la economía y la sociedad en el discurso jurídico; la Ley aparece como una institución que trasciende las diferencias sociales para instaurar el reino de la justicia y la igualdad. Empero, la aplicación de la Constitución y otras leyes ha mostrado los límites de esa retórica: las leyes no tienen poderes taumatúrgicos para resolver los problemas sociales; peor aún, en muchos casos, las malas leyes son el problema.  

El entusiasmo se trocó en desencanto o al menos en una visión realista: la Ley no es un valor universal, una fuerza regeneradora, ella forma parte de  un “campo de fuerzas” donde se libra una lucha por definir el alcance del derecho; es pues un recurso prosaico de la política. Y en eso andamos, haciendo y deshaciendo leyes, en el umbral, como en la parábola de Kafka, sin poder entrar en la Ley.

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