Columnistas

Imágenes verbales y corporales

En La Paz cunden los bailes folklóricos y otros festejos que se desarrollan en las calles y avenidas.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:24 / 13 de octubre de 2016

Muchas veces encontramos escritos que quizá no están presentados en ediciones de lujo, sin embargo, su riqueza radica en su contenido singular; un ejemplo de ello son los que abordan privilegiadamente las sensaciones físicas en el espacio urbano.

El observar la urbe nos demuestra que toda imagen verbal, cuando está extraída de la vida y el hacer cotidiano de la ciudadanía, puede convertirse hasta en vestigio representativo de ciertos lugares. Esto porque son percibidas como expresiones corporales de los habitantes. Tanto es así que esas imágenes figurativas pueden fundamentar principios conceptuales que cimientan las propuestas urbano-arquitectónicas.

Paul Cézzane fue un artista francés que en la última etapa de su vida buscó en su pintura la esencia de la realidad a través de la esencia de los objetos. Él opinaba: “Si pinto todos los detalles, puedo hacer mirar al espectador la realidad de un hecho, pero si muestro a ese cuerpo en su hacer, lo veremos al medio de un mundo sensible donde cualquier mirada encontrará en esos actos el milagro de la expresión”. Y eso es lo que busca la imagen verbal, relatar hechos extraídos de ciertas expresiones de los cuerpos, los cuales debieran entender a la palabra, en su sentido general, como un ser de razón.

En los últimos años, algunas instituciones han trabajado sus programas urbanos con los imaginarios entendidos como encuestas sobre las necesidades de la población, olvidando establecer toda conexión activa entre el individuo y la experiencia corporal de los lugares.

La Paz es una ciudad que en cada sitio y momento es capaz de mostrar imágenes corporales distintas, las cuales delatan que el ciudadano paceño es un ser esencialmente de la calle. Empero, actualmente en esta urbe cunden los bailes folklóricos y otros  festejos que se desarrollan al medio de avenidas, como sucede en el barrio de Cota Cota; o se instalan grandes escenarios al medio de las calles, por ejemplo el caso de Sopocachi Alto, lo cual exige el cierre del tráfico vehicular en días ordinarios, lo que constituye una agresión a la vida de la población con actos sociales particulares o políticos. Nos referimos a las arbitrariedades y no así a ciertos eventos que son patrimonio de esta ciudad como la fiesta del Gran Poder, una expresión cultural de La Paz.

Hoy han comenzado a aparecer otro tipo de expresiones corporales que enriquecen el sentido de la vida urbana con nuevas realidades en sectores sociales empobrecidos, por ejemplo el joven transeúnte que ofrece chocolates elaborados en casa, o la señora que vende en una bonita bandeja exquisitos pasteles en la puerta del edificio donde quizá reside. Asimismo han surgido juegos digitales como Pokémon Go en los cuales los jugadores conforman islas corporales móviles en ciertas calles y plazas. Son tres ejemplos que crean nuevas imágenes habladas y de expresión corporal en esta ciudad, las cuales no agreden ni mucho menos convierten a las vías en mercados. Esto porque son actividades móviles y temporales, que así como aparecen desaparecen casi inmediatamente de las calles y los parques, una especie de “ofertantes móviles” contemporáneos.

Cierto es que cualquier hecho urbano es capaz de mostrar que una realidad citadina, cuando cuenta con una identidad singular y cultural como en La Paz, no necesita de imposiciones o expresiones forzadas. Esto porque la carga profunda de expresión corporal que conlleva la población es una realidad capaz de inspirar grandes ideas que dejan su impronta también en la morfología de la ciudad.

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