Columnistas

Imperdonable crimen de la Iglesia

Esos ríos de sangre derramados por los engaños religiosos se siguen recreando hasta el presente.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

00:17 / 17 de junio de 2016

La ideología política conservadora y contrarrevolucionaria de la Iglesia Católica jamás ha sido un secreto, pero su accionar ante procesos democráticos de cambio hacia sociedades más justas, como la promovida por Evo Morales en Bolivia, muestran un cinismo escandaloso. Allí la Iglesia ha resistido reformas para proteger minorías cuyas causas son la vanguardia de la lucha por los derechos humanos en favor de las mujeres, los homosexuales y los transexuales, por citar algunos; pero el último embate fue contra los niños, al oponerse a la cadena perpetua para violadores de menores que causen la muerte de la víctima. Irónicamente, aduce que lo hace en defensa de la vida (¿la Iglesia Católica en defensa de la vida?).

Para poner en la perspectiva esta falsedad, solo hay que recordar que la Biblia glorifica las masacres cuando las “ordena Dios”, razón por la que las religiones continúan masacrándose hasta el presente. Aquí algunos ejemplos del desprecio divino por la vida.            

“Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo. Tomamos entonces todos sus pueblos, y destruimos todas las ciudades, hombres mujeres y niños; no dejamos ninguno”. (Deuteronomio 2:34). “Y las destruimos, como hicimos a Sehón rey de Herbón, matando en toda ciudad a hombres mujeres y niños”. (Deuteronomio 3:6). “Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida”. (Deuteronomio 20: 16). “Ve, pues y hiere a Amelec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres y niños, y aún a los de pecho, vacas ovejas, camellos y asnos”. (I Samuel 15:3).

Sin duda alguna, la inhumanidad de Dios se convirtió en la justificación legal y moral para el exterminio de los pueblos originarios y para el imperialismo excepcionalista alrededor del mundo. Hay muchos otros pasajes bíblicos que ilustran estos crímenes. Aquí dos ejemplos más. “Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni mujer; y se llevaba las ovejas, los asnos los camellos y las ropas”. (I Samuel 27:9). “Y se hizo allí una matanza de veinte mil hombres”. (2 de Samuel 18:7) Tan interesado estaba Dios en que se extermine hasta al último ser humano de esos pueblos, que incluso ayuda con fenómenos astrofísicos imposibles de imaginar en el presente, como el hecho de “detener el Sol” (el cual no gira en torno a la tierra), para darle a Josué más tiempo para terminar de exterminar a los amorreos. “El Sol se detuvo y la Luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero”. (Josué 10:13).   

Esos ríos de sangre derramados por los engaños religiosos se siguen recreando hasta el presente en las guerras que se libran en nombre de Dios. Del mismo modo, crímenes contra a la vida se perpetúan en cada una de las campañas que la Iglesia organiza para oponerse a reformas progresistas como las del proceso de cambio boliviano. Dado que, con infamias, la Iglesia intenta imponer su conservadurismo, a la humanidad le convendría recordar qué es lo que se intenta conservar. La Iglesia jamás respetó la vida de todos los seres humanos. No lo hace en el presente, y no lo va a hacer jamás, porque cree en la existencia de “hijos de Dios” y de “enemigos”: una aberración creíble quizá hace 2.000 años, pero ofensiva en el siglo XXI. Absurdo. 

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