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Impuesto climático

¿Por qué no fijamos un costo de importación a los gases de efecto invernadero que tanto daño causan?

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Pérez Albrecht

03:16 / 24 de abril de 2015

Es de conocimiento público que los países industrializados son los causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que originan el calentamiento global, y las consecuencias correspondientes: inundaciones, sequías y heladas, entre otras. Lamentablemente los gases que emiten los países no se quedan dentro de su territorio, sino que salen más allá de sus fronteras, afectando a países como Bolivia o a un continente entero como África que, sin emitir tantos GEI a la atmósfera, deben pagar las consecuencias generadas por las acciones de los mal llamados países “desarrollados”.

Esto implica que, sin desearlo, los países con niveles bajos de contaminación terminan importando los gases generados por otros y sus respectivas consecuencias climáticas en nuestros territorios.

Si las reglas de relacionamiento internacional han fijado aranceles a la importación de productos, por lo cual el país que genera el bien paga un porcentaje para que determinado producto esté al alcance del consumidor final, ¿por qué, con mayor razón, no fijamos un costo de importación de estos gases que no deseamos?, mismos que debemos asimilarlos en el porcentaje atmosférico que nos corresponde, lo que nos genera una serie de modificaciones climáticas con sus respectivos desastres, que año tras año debemos atender con fondos propios y alguna ayuda internacional.

Actualmente se barajan dos corrientes en la discusión global al respecto. En una de ellas los países que aún cuentan con un buen estado de conservación ambiental tienen la posibilidad de reducir estos gases, y se les paga un monto de dinero por estas acciones. Tal posición ha sido descartada por el Gobierno nacional, cuya perspectiva se alinea con la segunda postura, de un pago por la deuda externa climática, de tal forma que los países industrializados asuman su responsabilidad frente a las naciones que no han causado la actual crisis climática.

Hoy en día son mayores los avances registrados en la primera postura, y muchos países ejecutan acciones para reducir los gases contaminantes a cambio de dinero y tecnología destinada a la conservación de la naturaleza. En cambio la segunda postura aún no ha prosperado, por lo cual países como Bolivia todavía no reciben fondos para mitigar los efectos del cambio climático.   

Si tuviéramos que ser justos y movernos con las estrictas reglas que los mercados han impuesto, cada país debería pagar un impuesto de importación climática de acuerdo con los volúmenes de gases que genera, destinado a un fondo global para la atención de desastres generados por la exportación de GEI que anualmente producen las grandes industrias de las naciones “desarrollados” que hasta ahora no asumen su responsabilidad para con la vida en nuestro planeta.

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