Columnistas

Impuesto a las transacciones financieras

En lugar de ampliar la edad de jubilación, el FMI debería proponer la aplicación global del Impuesto Tobin

La Razón / Gabriel Loza TellerÍa

01:13 / 21 de abril de 2012

Hace muchos años, en 1978, James Tobin, Premio Nobel de Economía, propuso la aplicación de un pequeñísimo impuesto a las transacciones financieras entre monedas, para disminuir la volatilidad financiera y cambiaria. La idea era simple: aumentar los costos de realizar transacciones internacionales a fin de disminuir su cantidad, y de esta manera, menos transacciones implicarían una menor volatilidad. Adicionalmente, con una tasa impositiva de entre 0,1% a 0,25% (Tasa Tobin) se proponía constituir un fondo para el alivio de la pobreza, por lo que se denominó la Tasa Robín Hood, para cobrar a los ricos y apoyar a los pobres;  empero, esta iniciativa no prosperó.

Con motivo de la crisis financiera se revivió la necesidad de atenuar la elevada volatilidad de los mercados financieros y también apoyar a países con problemas, como Grecia. El Parlamento Europeo aprobó en marzo de 2010 considerar el Impuesto Tobin, pero quedó en pura declaración. A principios de este año, nueve países europeos, entre ellos Francia y Alemania, solicitaron a la presidencia danesa de la Unión Europea que acelere los trabajos para la introducción del impuesto a las transacciones financieras. Hasta el momento, el trámite ha quedado empantanado por la presión de la banca que rechaza tal medida, aduciendo que afectará considerablemente al PIB de los países que la apliquen. Sin embargo, un estudio especializado indica que el impacto económico de la introducción del impuesto a las transacciones financieras (ITF) tendría, en el peor de los casos, una pérdida del 0,1% del PIB en los países que la apliquen y que puede tener un impacto positivo a nivel de empleo y la seguridad financiera.

Se estima que cada día a nivel mundial se transan 1,8 trillones de dólares, y que por lo tanto los ingresos del impuesto Tobin estarían entre 100 a 300 mil millones de dólares al año. No se necesitaría la famosa Ayuda Oficial para el Desarrollo puesto que representaría más del doble de esta colaboración externa.

Los argumentos en contra son: si no entran en el sistema los principales países avanzados no funcionaría el mecanismo, cómo se coordina a nivel global  y la implementación de la tasa. El argumento que un impuesto distorsionaría la asignación de recursos fue dejado de lado por la tremenda evidencia empírica de la crisis internacional, donde los mercados financieros no sólo estaban distorsionados si no que funcionaron mal y en función de los grandes grupos financieros.

En el caso de Bolivia, el ITF se aplica a las transacciones financieras internas desde 2004. Primero tuvo objetivos de recaudación, puesto que significaron 4% de la recaudación tributaria total en 2005 y de 0,9% en 2011. Posteriormente, se amplió su vigencia en varias oportunidades y se aplicó en forma diferenciada a las transacciones financieras en dólares, de manera de incentivar la bolivianización monetaria al exencionar las transacciones financieras en bolivianos. 

El Banco Central, con motivo de la crisis financiera internacional, aplicó inicialmente una comisión de servicios del 1% a las transferencias del exterior y al exterior del sistema financiero. Se excluyeron las remesas de trabajadores desde el exterior. Esta comisión aplicada por el país tiene una relación con la Tasa Tobin que se quiere aplicar a nivel internacional a las transacciones financieras. El FMI, en lugar de proponer ampliar la edad de jubilación, debería presentar una propuesta de aplicación global del Impuesto Tobin.

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