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Indio aymara

Colón llegó junto con un cura, un milico y un cronista, todos machos, origen del patriarcado colonial

La Razón / Idón Moisés Chivi Vargas

00:29 / 26 de enero de 2012

Ya son varios los dóxofos que han abierto una ruidosa competencia retórica sobre el mestizaje en Bolivia. Parecía un debate lejano e incluso cerrado, hasta que la boleta censal del Instituto Nacional de Estadística (INE) abrió los calderos. Y está bien que sea así, en eso estriba la pluralidad de voces y constituye una evidencia más de que la libertad de expresión goza de buena salud.

El señor José Gramunt de Moragas en su columna habitual de La Razón escribió un artículo que lleva por título Mestizaje (18 -01-2012). En lo formal, el artículo repica como campana del siglo XIX fabricada en el XVI. El orden colonial en pleno, aunque en su versión católicamente europea…

Olvida Gramunt de Moragas que los españoles luego de ganar la guerra contra los moros, expulsan a los judíos, haciendo gala de un purismo racial con acompañamiento católico; que la invasión en 1492 se nos vino anunciando la pureza religiosa frente al mundo idólatra indígena, hecho que constituye el origen de la pureza racial. Con este argumento, el autor búlgaro Tzvetan Todorov señala que si debiéramos buscarle una fecha de nacimiento al racismo ésa sería el 12 de octubre de 1492. Colón llegó acompañado de un cura, un milico y un cronista, todos machos, origen del patriarcado colonial, propio de la modernidad.

También olvida que las “luces de la Ilustración” no se hicieron con el favor de la Iglesia sino contra la Iglesia; y que si dependiese de ella, aún hoy viviríamos en el oscurantismo, con el Malleus Maleficarum o “El Martillo de las Brujas” en nuestras espaldas, quemando mujeres y asesinando científicos en la Santa Inquisición. Olvida Gramunt de Moragas que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre se hizo después de que en la Segunda Guerra Mundial, una guerra racista por excelencia, pocos años después de que la Iglesia echara sus bendiciones en la armada naval de Mussolini, y las fuerzas aérea y terrestre de Hitler.

Si los valores de Occidente maravillan a nuestro S. J. convendrá saber al menos si comulga con esos valores por vocación o por conveniencia, por compromiso cristiano o acomodamiento ideológico. Si tanto se maravilla de Occidente, ¿quién lo detiene en este país de indios?

Pero la preocupación de nuestro articulista es otra: los mestizos como identidad olvidada intencionalmente por un gobierno indio y que por ello “peca” de racista. Sin embargo, eso no es cierto. La boleta censal del INE es aún una propuesta en construcción, ni siquiera se han tomado decisiones gubernamentales en torno a ella. Es, como dicen los tecnócratas, el inicio de un debate sobre Estado, población y vivienda.

Otra mentira. Gramunt de Moragas señala que el Gobierno creó el Ministerio de Descolonización, pero lo que se tiene  es un “Viceministerio de Descolonización”. El articulista escribe arteramente “(...) ese ministerio peca de inmovilista, exalta lo primitivo y margina lo sobrevenido al que pretende inútilmente desconocer y al que mira con resentimiento (sic)”. Un Alcides Arguedas del siglo XXI diría René Zavaleta Mercado.

¿Habrá en el cielo indios, mestizos y q’aras? ¿Los habrá también en el infierno? No lo sé, no creo que alguien lo sepa, no creo que San Pedro tenga tiempo para esas distinciones. Distinciones que para Gramunt de Moragas son —en fin de cuentas— el lugar para definir quién es santo y quien, pecador.

çEn términos de Niklas Luhman, estamos ante un caso clarísimo de algo que se denomina en comunicación como: la construcción mediática de la realidad. Desde nosotros, estamos ante un caso genial para investigar el racismo encubierto en sotana. Para un Estado Plurinacional, sólo la creación humana, personal y colectiva de dignidad, igualdad y justicia social tiene sentido histórico, eso también es descolonización.

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