Columnistas

Inestabilidad política, ¿sinónimo de fortaleza?

Hay más ansiedad en el aire que en cualquier otra época desde la crisis financiera global

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

01:51 / 30 de enero de 2016

En las conversaciones llevadas a cabo en el Foro Mundial Económico de Davos la campaña electoral de Donald Trump con pistas a las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha captado la atención de los asistentes. A pesar de que algunos permanecen entretenidos con otros tópicos sobre la economía mundial, muchas de las personas con las cuales hablé están preocupadas. Tal como me dijo un director ejecutivo europeo: “Nos movemos hacia un mundo muy difícil. Necesitamos adultos al mando”.

Esa sensación de un “un mundo difícil” es palpable. Hay más ansiedad en el aire que en cualquier otra época desde la crisis financiera global. La preocupación se refleja en los mercados bursátiles del mundo, que han perdido colectivamente billones de dólares desde el comienzo del año. Y si bien la gente cree que la situación no va a empeorar (China no va colapsar, Estados Unidos no entrará en recesión, Europa no se vendrá abajo), en los años recientes la sabiduría convencional ha estado equivocada en varios aspectos.

Roger Altman, ex Secretario del Tesoro Adjunto, me señaló que pocos expertos predijeron que los precios del petróleo y de las materias primas colapsarían o que el crecimiento caería en China, afectando sustancialmente a las economías de Brasil, Sudáfrica y de varios otros mercados emergentes. Nadie vio que, incluso aunque Estados Unidos conseguía pleno empleo, los sueldos no subirían, la inflación se quedaría tercamente silenciada y las tasas de interés permanecerían bajas. Y nadie predijo el auge del Estado Islámico ni su habilidad para inspirar ataques terroristas en países muy lejos del Medio Oriente. Altman se pregunta si hemos llegado finalmente al momento predicho en el libro Future Shock (Shock futuro) de Alvin Tofflet de 1970, en donde el sistema global es tan complejo y cambia tan rápido que deja atrás la habilidad de analizarlo y comprenderlo.

Muchas de las tendencias ahora en marcha, si interactúan unas con otras, podrían moverse más rápido y lejos de lo que las personas se dan cuenta: mientras que el mercado de valores cae, las empresas y los consumidores se preocupan y dan marcha atrás, gastan menos y ahorran más. Una caída en los precios del petróleo es generalmente buena para todos los países, excepto para los productores principales del petróleo. No obstante, una caída tan profunda y tan rápida podría producir una crisis crediticia y una espiral deflacionaria.

Además, la innovación tecnológica no es exactamente una fórmula milagrosa para alcanzar una prosperidad generalizada. Resulta claro que las mejoras espectaculares en la tecnología, especialmente en el software, no se traducen fácilmente en aumentos de salario para el trabajador promedio. Incluso estamos viendo cómo productos de alta tecnología se comen unos a otros. La cámara digital era el camino del futuro, razón por la cual destruyó a las antiguas cámaras. Pero ahora que los celulares tienen más que suficiente poder para funcionar para la mayoría de las personas, las ventas de las cámaras digitales están colapsando.

No sé a dónde va todo esto. Sin embargo, en períodos como estos los sistemas abiertos como Estados Unidos tendrán un mejor desempeño que los cerrados. Estados Unidos con frecuencia parece un país disfuncional debido a que todos sus problemas se exhiben y son debatidos diariamente. Todo (la estrategia económica, la política monetaria, la seguridad nacional, las prácticas policiales, la infraestructura), está allí abierto a la constante crítica. No obstante, esta transparencia significa que las personas tienen información y fuerzan al país a mirar sus problemas, intentar resolverlos y reaccionar. Y si bien se trata de un proceso desordenado y a veces desagradable, el sistema estadounidense recibe mucha información diversa y contradictoria, lo que le permite responder con mayor precisión a los conflictos presentes y a los desafíos futuros. El sistema parece disfuncional, pero en realidad es sumamente adaptable.

Los sistemas cerrados casi siempre parecen mucho mejores. Por ejemplo, un país como China, con su capacidad de decisión altamente centralizada, ha sido la envidia del mundo. Las personas alrededor del planeta se han maravillado por la habilidad del Gobierno asiático de tomar decisiones, planear el futuro y construir una reluciente infraestructura. Y cuando China estaba creciendo, estábamos todos impresionados por la eficacia del sistema. Pero ahora que el crecimiento se ha estancado, nadie está seguro de por qué, qué hicieron mal, quién es el culpable o si está siendo remendado. Una caja negra produce asombro cuando las cosas van bien. Pero cuando no van bien, esa misma opacidad causa ansiedad y temor. La mayor pregunta acerca de la economía mundial actual es: ¿qué está sucediendo dentro de la caja negra de China? Después de todo, el país es la segunda economía más grande del mundo y el motor que ha impulsado el crecimiento mundial en los años recientes. Su opacidad remarcable no es simplemente acerca de la economía, sino también acerca de la política y de la forma de gobierno en general.

En estos días la política estadounidense está exhibiendo desorden, rabia y rebelión. Sin embargo, esto es, a la larga, una fortaleza en estos tiempos de cambios rápidos. Las personas están enojadas. La economía, la sociedad y el país están siendo transformados. El hecho de que la política refleje estos cambios es una fortaleza y no una debilidad. Permite que la nación absorba, reaccione, se adapte... y luego avance. Al menos es lo que le digo a los extranjeros y a mí mismo, con los dedos fuertemente cruzados, mientras observo la locura en el período de campaña.

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