Columnistas

Ingenio vs. ingenuidad

‘Dame un punto fijo y moveré el mundo’ (Arquímedes, filósofo griego 287 - 212 a.C.).

La Razón / Gonzalo Jordán Lora

02:31 / 06 de mayo de 2012

La ingeniería siempre se ha jactado de su enorme capacidad para trazar y ejecutar grandes obras, con arreglo a principios científicos. La frase “Dame un punto fijo y moveré el mundo”, del filósofo griego Arquímedes (287 - 212 a.C.), resume con mucha precisión no sólo las pretensiones sino también las posibilidades que se imaginan aquellos que están inmersos en este arte del ingenio.

De una u otra forma, todas las grandes civilizaciones lograron desarrollar esta ciencia. Antes de la era cristiana, mientras los romanos abastecían sus ciudades de agua con una impresionante red de acueductos, tuberías y canales; los chinos estaban construyendo su gran Muralla, que hoy no solamente es el cementerio más grande del planeta, sino también la única obra humana que puede verse desde la Luna sin telescopio. Por otra parte, los egipcios ya gozaban al contemplar la belleza de sus pirámides y esfinges, cuya perfección aún resulta desconcertante.

Con el paso de los años, las grandes construcciones se fueron expandiendo, a medida que los hombres conquistaban nuevos territorios. Sin ir muy lejos, por estos lados podemos observar las sorprendentes vías y edificaciones de los tiwanakotas, que les permitió trascender su espacio territorial, entablar lazos con otras culturas y sobrevivir en un medio tan difícil y hostil como es el altiplano.

Con el desarrollo de una actitud filosófica, gestada en Grecia, que permitió generar conceptos teóricos perfectibles, empleados posteriormente para la producción de idealidades de grado más alto, las ciencias exactas alcanzaron especializaciones que hoy permiten construir obras otrora reservadas sólo a la ficción, como viajes al espacio o rascacielos que compiten con montañas.

Por todo ello, por la prodigiosa ingeniería del mundo antiguo y el desarrollo que esta ciencia ha alcanzado en el mundo moderno, sorprende que hoy en día se trate de convencer a los bolivianos, indígenas y mestizos, de la imposibilidad de construir una carretera por fuera del Parque Nacional Isiboro Sécure, con el argumento de que el lugar está plagado de pantanos y corrientes de agua.

Pero sorprende aún más que varias personas (periodistas incluidos) caigan en este juego de ingenuidades; y que luego de un recorrido aéreo por el lugar afirmen que efectivamente no se puede construir una carretera por fuera del parque, dándosela de ingenieros y expertos en caminos; cuando hoy en día se pueden construir túneles por debajo del mar, como aquel que se encuentra  en el Canal de la Mancha; puentes capaces de unir islas a kilómetros de distancia, como en Japón; o represas en un río tan caudaloso y   extenso como es el Madera, cuyo nombre justamente responde a la fuerza de sus aguas, capaces de arrancar y arrastrar árboles enteros.

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