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Inseguridad

La violencia en las calles no tiene fin, y la ineficacia de las autoridades, sobre este tema, tampoco

La Razón / Carlos Villagómez

00:11 / 07 de febrero de 2012

Se ha escrito, denunciado y manifestado sobre la inseguridad ciudadana hasta el hastío y no pasa nada. Nada de nada. La violencia en nuestras calles no tiene fin y la ineficacia de las autoridades, sobre este tema, tampoco. Nos asaltan y agreden criminalmente sin que ninguna institución municipal o policial se conduela.

Las cifras de asaltos violentos en La Paz son enormes en relación con el tamaño de ciudad que tenemos, y éstas crecen día a día. De ser la ciudad más pacífica de la región, pasamos en pocos años a ser un reino del terror nocturno en casi todas las zonas, pero con particular saña sobre un barrio: Sopocachi. Bandas de criminales pululan por las calles de este tradicional barrio. Al rompernos la crisma y “robarnos” unos cuantos pesos, se regodean de la pasividad manifiesta de las autoridades. Estamos cansados de escuchar a centenares de personas contar estas agresiones asesinas con el mismo “modus operandi”.

No se trata de asaltos comunes. Son actos vandálicos que tienen una carga enfermiza y llena de resentimiento. Estos canallas, sabiendo que no tendrán un sustancioso botín,  quieren, a palazos, quebrarte el cráneo, la quijada, los dientes y sobre todo el espíritu. Son infelices que quieren joder la vida de este barrio paceño.  Y son años de escuchar esta triste cantaleta de amigos, parientes o personas que fueron cobardemente asaltados.

Es de extrañar que, en un sector tan reducido de ciudad y en tantos años de reiterar esta tipología de crimen, las autoridades no hayan investigado y logrado algo hasta ahora. El Comando General de la Policía tiene su enorme edificio lleno de jerarcas y subalternos a pocos metros donde ocurren estas tragedias. ¿Por qué no se investiga a conciencia? ¿No tenemos los vecinos de esta zona el derecho a exigir seguridad ciudadana plena? El barrio de Sopocachi aporta enormemente al erario nacional y municipal, muchísimo más que otros. Son impuestos que se traducen en sueldos de los empleados de las instituciones municipales y policiales y, por ello, con todo el vigor posible exigimos detener esta masacre, y de una vez por todas vivir en paz en esta zona.   

Impotentes y decepcionados los vecinos y vecinas de Sopocachi tienen dos respuestas. Unos hablan de armarse ante la pasividad y sospechosa inercia de los organismos de seguridad. Muy peligroso. Otros, cambian su modo de vida y se encierran temerosos tras sus puertas. Pero, ¿debemos reaccionar así ante esta mezcla paradójica de inseguridad y pasividad? Pues no. Tenemos derecho a la ciudad a cualquier hora y en cualquier actividad que nos plazca. La ciudad es de todos y jamás será el reino de terror de esos asesinos.

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