Columnistas

Interpretando un nuevo ciclo

Los ideólogos bolivarianos deberían cuestionar su modelo asentado en el populismo

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

02:29 / 05 de enero de 2016

Dos mil dieciséis marcará el fin de un ciclo en la política latinoamericana y presumible el inicio de otro. El periodo bolivariano, fundamentado en los ideólogos del denominado socialismo del siglo XXI (principalmente Heinz Dieterich Steffan, Atilio Borón, James Petras, Giulio Santosuosso, Marta Harnecker y Wim Dierxsens, entre otros), llega a su fin con la estrepitosa crisis venezolana y las contracciones de las economías del resto de los países afines: graves en Brasil, Argentina y Ecuador (esta última la menos visibilizada, pero no por ello significativamente menor); en menor medida en Uruguay, Bolivia (aunque pudiera ponerla en peligro la cada vez mayor caída del precio de los commodities, la contracción de la economía brasileña y la reorientación argentina) y Nicaragua (beneficiado por la bajada del petróleo, pero afectado por la crisis venezolana); mientras que para Cuba, ante el peligro de su dependencia económica con Venezuela, le ha llevado pragmáticamente a iniciar soluciones para resolver sus diferencias con EEUU.

El bolivarianismo, que mezcló postulados del pensamiento de Simón Bolívar con otros del fracasado marxismo-leninismo soviético (aunque Karl Marx fue muy crítico del Libertador en su artículo Bolívar y Ponte publicado en 1858 en The New American Cyclopedia y en una carta suya a Engels de ese año), surgió al final de otro de los ciclos políticos y económicos latinoamericanos: tras el fracaso de las democracias neoliberales que sustituyeron al cruento periodo (también fracasado) de las dictaduras del Plan Cóndor y la Doctrina de la Seguridad Nacional. La denominada revolución bolivariana, surgida cruentamente del Caracazo de 1989, logró el poder en 1999 con la elección de Hugo Chávez Frías, permitiendo recuperar el impulso de expansión de la menguada y en crisis revolución cubana, a la que apuntaló, proyectándose internacionalmente gracias a los petrodólares venezolanos a través del Alba, los foros de São Paulo y Social Mundial y el grupo de organizaciones internacionales que creó (Unasur, Celac).

El venezolano socialismo del siglo XXI (aunque Hugo Chávez se consideraba un discípulo de Fidel Castro Ruz y su revolución, la coexistencia y alianza del modelo bolivariano con la empresa privada, que le era afín, le marca la principal diferencia) fue expandiéndose con diferentes matices, desde un grupo ortodoxo (“duro”) conformado por Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; y otro de afines en diferente grado con Brasil y Uruguay, y del que Honduras y Paraguay integraron eventualmente.

Hoy, cuando Argentina cambió del kirchnerismo a la centroderecha; en Venezuela la oposición obtuvo los 2/3 de la Asamblea Nacional —victoria que  el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) nunca alcanzó, excepto cuando la oposición no participó en las elecciones de 2005— el mismo día en el que hace 16 años Hugo Chávez llegó al poder; Cuba se acerca a EEUU;y en Brasil se destapan gravísimos casos de corrupción en medio de una creciente crisis económica y de gobierno (mientras Rafael Correa Delgado decidió desistir de reelegirse ante la situación económica desfavorable y las protestas populares en Ecuador y Evo Morales Ayma va a un referéndum incierto para seguir gobernando), los ideólogos bolivarianos deberían cuestionar (como ya lo han hecho Dieterich y Petras) su modelo asentado en el populismo, la centralización del poder, la falta de transparencia, corrupción y la pretensión de continuismo, que provocan su propio final y el inicio de un nuevo ciclo.

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