Columnistas

Invasión del puerto de Antofagasta

Chile se preparó con antelación para una guerra cuyo fin era apoderarse del litoral nacional

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:38 / 24 de febrero de 2016

En el presente mes se conmemoró un nuevo aniversario de la invasión a Antofagasta. En efecto, el 14 de febrero de 1879, tropas chilenas al mando del coronel Emilio Sotomayor desembarcaron y tomaron ese puerto boliviano, acción que dio inicio a la Guerra del Pacífico. Los invasores se dirigieron a la prefectura del departamento para hacer entrega de una nota al prefecto, coronel Severino Zapata. La nota en cuestión decía lo siguiente: “Considerando el Gobierno de Chile roto por parte de Bolivia el Tratado de 1874, me ordena tomar posesión con las fuerzas de mi mando del territorio comprendido en el grado 23”.

Cabe señalar que desde 1842, Chile pretendía tener derechos al territorio de Atacama hasta ese grado 23 de latitud sur. Por lo tanto, la acción encabezada por el coronel Sotomayor era una especie de recuperación de un territorio en disputa. Pero el litoral boliviano al norte de dicho grado, el contenido entre los grados 23 y 21,5, donde estaban los puertos de Cobija y Tocopilla, y la población interior de Calama, era reconocido por Chile de pertenencia absoluta de Bolivia. Ésta es una de las pruebas más sólidas que tiene nuestro país para demostrar internacionalmente que siempre tuvo mar y que Chile así lo admitió.

Para que ese país pudiese avanzar más al norte, era necesaria la existencia de un estado de guerra. Pues bien, el gobierno del general Daza había emitido un decreto, el 1 de marzo de 1879 donde disponía que “queda cortado todo comercio y comunicación con la República de Chile mientras dure la guerra que ha promovido a Bolivia”. Pero ni siquiera ese decreto fue recibido por Chile como una verdadera declaratoria de guerra. Solo cuando nuestro canciller, don Serapio Reyes Ortiz (quien se encontraba en Lima), hizo conocer el tenor de dicho decreto al cuerpo diplomático acreditado en esa ciudad, el 14 de marzo, el Gobierno chileno se consideró oficialmente en guerra con Bolivia. Entonces decidió invadir el resto del territorio costero nacional, tomando por la fuerza los puertos de Cobija y Mejillones y posteriormente, atacando la ciudad de Calama.

En cuanto al motivo de la ocupación de Antofagasta, no podemos los bolivianos callarnos ante la afirmación de que por culpa de la ley de los diez centavos, el país trasandino se sintiese obligado a invadir territorio boliviano.  El origen de la Guerra del Pacífico no fue la mencionada ley de los diez centavos, sino que respondía al plan chileno preparado con antelación de apoderarse del litoral nacional. Y el argumento en que se basaba era el asentamiento de una gran población chilena en ese territorio; población que tarde o temprano se alzaría contra las autoridades locales y pediría su anexión a Chile.

El más importante historiador chileno, don Francisco Antonio Encina, dice al respecto: “La población chilena, por impulso espontáneo de la sangre, tenía que rebelarse contra la soberanía artificial de Bolivia y tender hacia Chile, cualesquiera que fueran la prudencia y honradez de los funcionarios bolivianos”. Pues bien, los gobiernos chilenos anteriores a la guerra, conscientes de ello, organizaron un fuerte Ejército y una poderosa escuadra para llevar a cabo esa anexión. Estas fuerzas armadas esperaban día a día el alzamiento de la población chilena contra las autoridades bolivianas en la zona de Antofagasta; levantamiento fomentado naturalmente por el gobierno de ese país.

Pero en vez de que ello sucediera, provino la cuestión de la ley de los diez centavos, que facilitó grandemente el objetivo chileno, el cual no solo incluía la toma de Antofagasta, sino también la rica provincia peruana de Tarapacá, donde habitaba asimismo una considerable población de esa nacionalidad. El gobierno de La Moneda bien sabía de la existencia de un tratado secreto entre Bolivia y Perú, acuerdo motivado por el temor a esa expansión chilena y, por tanto, obró en consecuencia. Preparó la guerra no contra Bolivia, país que no tenía recursos ni posibilidades de defender su litoral, sino contra Perú, para arrebatarle Tarapacá, con lo cual obtendría el control total del salitre del mundo.

Es diplomático e historiador.

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