Columnistas

Irán y el histórico acuerdo nuclear

Irán y otros países sin armas atómicas han aportado mucho más en favor de la no proliferación nuclear

00:00 / 14 de agosto de 2015

Irán y nuestros interlocutores del Grupo 5+1 (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Alemania) finalmente hemos logrado el objetivo común de convertir el programa nuclear iraní de una crisis innecesaria en un marco para la cooperación en materia de no proliferación de armas atómicas y más allá. El acuerdo alcanzado en Viena a mediados de julio, llamado oficialmente Plan Integral de Acción Conjunta, no es un techo, sino una base sólida sobre la cual debemos construir; pues ha consolidado la situación de Irán como una zona libre de armas nucleares. Y ahora ha llegado el momento de que extendamos esa zona de exclusión a todo Medio Oriente.

El intento de Irán para extender la prohibición de las armas de destrucción masiva en su vecindad regional ha sido consistente. El hecho de que, pese a la utilización sistemática y constante de este tipo de armas de parte del régimen de Saddam Hussein contra Irán, nuestra nación nunca procedió a realizar acciones similares de forma recíproca evidencia la profundidad de la creencia de mi país en este noble ideal; y mientras que Irán ha contado con el apoyo de algunos de sus amigos árabes en este incansable esfuerzo, Israel, como el único poseedor del programa de armas nucleares en Medio Oriente, ha operado como una barrera. No obstante, a la luz del histórico acuerdo nuclear alcanzado recientemente en Viena, hoy debemos abordar rápidamente este reto inmediato y directo.

Una maravillosa ironía de la historia es que, en la práctica, las naciones sin bombas atómicas como Irán han hecho mucho más por el régimen de no proliferación nuclear de lo que han aportado los países poseedores de armas nucleares a través de sus declaraciones y en el papel. Irán y otros países sin armas nucleares han realizado muchas acciones reales, honestas y operativas para consolidar un régimen mundial de no proliferación; entretanto, los países poseedores de este tipo de armas de destrucción masiva han intentado evadir el cumplimiento de sus obligaciones de desarme establecidas en el Tratado de No Proliferación (TNP) y en el derecho internacional consuetudinario, e incluso han estado muy poco dispuestos a conversar sobre este asunto.

Antes de abordar a los países que están al margen del Tratado de No Proliferación, Israel, como un régimen poseedor de un arsenal nuclear no declarado, sigue manifestando una férrea oposición a este tratado; y a pesar de su campaña absurda y alarmista contra el acuerdo nuclear iraní sigue siendo el abanderado de la oposición al acuerdo. Hoy, a la luz del acuerdo de Viena, ha llegado el momento adecuado, quizás el mejor momento, para que los países poseedores de armas nucleares alivien la brecha mediante la adopción de medidas serias encaminadas a un verdadero desarme nuclear; reforzando de esta manera el régimen de no proliferación.

Hoy es el tiempo en el cual los países poseedores de armas nucleares deberían enfrentarse a un hecho vital: vivimos en un entorno globalizado de seguridad, donde ya no hay posibilidad de la existencia y tolerancia de las desigualdades y asimetrías entre los países poseedores de armas nucleares y los que no las tienen, influenciados por los paradigmas restantes de la Guerra Fría. Por mucho tiempo se ha concebido en el mundo el absurdo e insano concepto de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) como un garante para mantener la estabilidad y la no proliferación de armas nucleares. Sin embargo, este asunto no está enraizado en la verdad. La prevalencia de este tipo de doctrina de disuasión en las relaciones internacionales ha sido la principal fuerza impulsora detrás de la tentación de algunos países de adquirir bombas atómicas, y de otros para aumentar el número y el desarrollo cualitativo de sus arsenales nucleares. Todo esto está en flagrante contradicción con los objetivos de desarme diseñados por la comunidad internacional. Es imprescindible que cambiemos este peligroso y erróneo paradigma de seguridad por un mejor arreglo, más seguro y justo. Creo sinceramente que el acuerdo nuclear alcanzado entre mi país como Estado no poseedor de armas nucleares y los países del Grupo 5+1 (que controlan casi todas las ojivas nucleares del mundo) es de una gran relevancia simbólica para reactivar este cambio de paradigma y marcar el comienzo de una nueva era para el régimen de no proliferación.

En este sentido, un paso en la dirección correcta sería comenzar las negociaciones para la elaboración de un tratado de eliminación de todas las armas nucleares, respaldado por robustos mecanismos de supervisión y evaluación de cumplimiento de parte de los Estados. Este acuerdo podría comenzar, en una fase inicial, sacando a los arsenales nucleares del estado de alerta (separar las ojivas de vehículos de reparto para reducir el riesgo de su uso), y en etapas posteriores debería ejecutarse el desarme progresivo de todos los países que poseen este tipo de armas de destrucción masiva. Este proyecto global podría convertirse en un objetivo factible, si primero se logra un apoyo fuerte, universal y sincero para establecer a Medio Oriente como una zona libre de armas de destrucción masiva; pero para ello las autoridades pertinentes deben considerar este propósito no solamente como una causa noble, sino sobre todo como una necesidad estratégica.

Un nuevo tratado con los lineamientos antes descritos reviviría y redefiniría el Tratado de No Proliferación para los países poseedores de armas nucleares; además codificaría obligaciones de desarme de los regímenes con armas nucleares que no forman parte del TNP. De todas maneras, por el régimen internacional de no proliferación y por las normas perentorias del derecho internacional consuetudinario, están obligados al desarme nuclear, mediante un escrito compromiso legal.

Irán, en su capacidad nacional y como actual presidente del Movimiento de Países No Alineados, está dispuesto a cooperar activamente con la comunidad internacional para lograr estos objetivos, y está muy consciente de que a lo largo del camino es muy probable que se presenten muchos obstáculos creados por los escépticos de la paz y la diplomacia. Sin embargo, debemos aplicar todos nuestros esfuerzos e insistir en los objetivos para conseguir el acompañamiento de otros países a fin de evitar la proliferación de las armas nucleares en el mundo, tal como lo hicimos en Viena.

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