Columnistas

Islamismo radical

Luchar contra este grupo terrorista (EI) no es lo mismo que luchar contra el islamismo radical.

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

05:34 / 02 de enero de 2015

Aparentemente, el término “terrorismo islámico radical”, si usted puede decirlo, tiene poderes místicos. En el debate entre los candidatos a la presidencia del partido republicano del pasado martes, una vez más los oponentes se encargaron de señalar  las supuestas temidas palabras que Barack Obama y Hillary Clinton no se animan a pronunciar. “Tenemos un Presidente que está reacio a pronunciar su nombre” declaró Ted Cruz en su discurso de apertura.

La primera vez que describí al enemigo como “islamismo radical” fue en una columna que escribí pocos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11/9). Utilicé el término “terrorismo islámico radical” en otra columna más tarde en el mismo mes. Entonces, luego de haber establecido mis referencias, puedo decir honestamente que este término no le otorga a uno absolutamente nada a manera de respuesta o estrategia para lidiar con los ataques terroristas. No solamente los republicanos han decidido que la disposición de Obama y de Clinton de no utilizar esta frase es señal de debilidad e incoherencia estratégica. En la actualidad hay una industria casera de escritores que habitualmente alardean que son suficientemente valientes como para nombrar al enemigo.

De hecho, Obama ha hablado con frecuencia acerca de los problemas del extremismo en el Islam. Su discurso de 2014 para la Asamblea General de las Naciones Unidas se enfocó significativamente en esta temática. Decía: “Hoy, es la violencia entre las comunidades musulmanas que se ha convertido en la fuente de tanta miseria humana (...) Es hora de que el mundo, especialmente las comunidades musulmanas, explícita, vigorosa y constantemente rechacen la ideología de organizaciones como Al-Qaeda y del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés)”.

En su discurso, luego de los tiroteos en San Bernardino (California), Obama nuevamente manifestó algunos de estos puntos, autorizando al cómico Seth Meyers del programa Late Night with Seth Meyers a bromear: “Así que utilizó las palabras ‘radical’, ‘islam’, y ‘terrorismo’, solamente que no las usó en el orden correcto. Eso sería un problema si fuese un hechizo y si él fuese Harry Potter, pero él no lo es, así que no hay problema”.

Obama y Clinton han optado por no describir al enemigo específica y directamente como “islamismo radical” en consideración a varios países y líderes musulmanes que sienten que otorga legitimidad a los terroristas. El presidente George W. Bush fue igualmente cuidadoso en su retórica. Por esta razón, en todo Oriente Medio el Estado Islámico es llamado Daesh, acrónimo con una connotación despectiva; al grupo terrorista no le gusta que lo llamen de tal forma.

Los conservadores han descubierto un nuevo amor por Francia después de que su Presidente declarase la guerra a los yihadistas, luego de los ataques en París. Tal vez no se han dado cuenta de que François Hollande declaró expresamente la guerra no al Estado Islámico, sino a Daesh. Su ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, explicó: “No recomiendo utilizar el término Estado Islámico ya que desdibuja las líneas entre el islam, los musulmanes y los islamistas. Los árabes los llaman ‘Daesh’ y yo los llamaré ‘Daesh asesinos’”.

La mejor prueba de que llamar al islamismo radical por su nombre no trae ninguna solución es que los candidatos republicanos no tenían ninguna respuesta en el debate del martes. Luego de todas las rabietas y resoplos, los más agresivos de ellos propusieron más bombardeos, zonas de exclusión aérea y armar a los kurdos.

Éstas son modestas adiciones a la estrategia actual de Obama, cada una con sus problemas. Un mayor bombardeo ha resultado difícil, ya que hay varios civiles inocentes en reductos del Estado Islámico. Las zonas de exclusión aérea requerirían cerca de 200 aviones estadounidenses y no harían casi nada en detener la violencia, que es conducida en su totalidad desde la tierra y a través de helicópteros (que vuelan lo suficientemente bajo para no ser cubiertos por una zona de exclusión aérea). Armar a los kurdos directamente enfurecería a los gobiernos de Irak y Turquía, así como también a muchas de las tribus sunitas que eventualmente tendrían que ocupar las tierras que son liberadas. Éstos son juicios, pero no obvios.

Es más importante recalcar, sin embargo, que luchar contra este grupo terrorista no es lo mismo que luchar contra el islamismo radical. De una forma extraña, luego de que los candidatos del partido republicano describieron audaz y correctamente al enemigo como una ideología, lo cual es más amplio que un grupo, hablaron casi enteramente acerca de la lucha contra ese grupo. Incluso si el Estado Islámico fuese derrotado mañana ,¿acaso eso detendría al próximo lobo solitario yihadista en Nueva York, París o Londres? Tal parece que los asesinos de San Bernardino se radicalizaron cuando el grupo terrorista apenas existía.

De hecho, el enemigo es el islamismo radical, una ideología que se ha expandido en las últimas cuatro décadas, por una variedad de razones, y ahora contagia a hombres y mujeres jóvenes alineados en todo el mundo musulmán. La lucha contra éste debe ser, centralmente, contra la ideología en sí misma. Y eso únicamente puede ser llevado a cabo por los propios musulmanes, ellos solos pueden purgar su fe de este extremismo. Después de un comienzo lento, actualmente hay varios esfuerzos relevantes en marcha, más de lo que piensa la gente. Occidente puede ayudar, alentando estas fuerzas de reforma, aliándose con ellas y asociándose en esfuerzos por modernizar sus sociedades; pero eso es mucho menos satisfactorio que lanzar incentivas, pedir prohibiciones para los musulmanes y abogar el bombardeo.

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