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Jallalla Gabo Calla

Solo un corazón de nobleza demostrada convierte tanto dolor en una lucha solidaria y amorosa

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

01:57 / 12 de octubre de 2015

El jueves pasado me sorprendió ver en mi Facebook la fotografía, guitarra en mano, de Gabriel Calla con un ¡Jallalla! Supe que finalmente, tras siete años y cinco meses, sus asesinos habían sido condenados. Me remonté con tristeza a esa fatídica madrugada del 3 de mayo de 2008 cuando, caminando con su novia y un amigo, se encontró con tres asaltantes que, para robarle un celular, le asestaron cinco puñaladas.

El joven murió porque amaba el rock y la guitarra. Según las declaraciones del asesino, “era aproximadamente la 01.00 cuando vieron a los cuatro jóvenes bajar las gradas de la calle Tarija. Uno de ellos ordenó al chofer que se detenga, y tras exclamar ‘me emputan los rockeros’, salió del motorizado con los otros dos varones para atacarlos”. Cuesta imaginar los niveles de intolerancia y violencia de nuestra sociedad, capaces de llevar a la muerte a un joven estudiante de Biología solo por su opción por la música y un estilo de vida.

Desde entonces, la familia Calla vivió lo que ellos mismos denominaron “un vía crucis” al enfrentar la Justicia. Tomó dos años que se celebre la audiencia conclusiva, un año y medio para conformar el tribunal, y otro año y medio para que se realice el juicio oral. “Se han suspendido 36 audiencias, de las cuales al menos diez fueron por la ausencia de los fiscales, y otras tantas porque uno de los abogados de los imputados no se hizo presente, o por la inasistencia de los acusados, de los testigos o de los jueces”, detalló Hernando Calla, padre del joven.

Durante todo este tiempo admiramos la valentía, paciencia y tesón de toda la familia Calla Ibáñez, quienes enfrentaron una Policía ineficiente y la retardación de justicia. Durante todo este tiempo asistieron a audiencias, hicieron notificaciones y respondieron a actos investigativos, honrando la memoria de su hijo de 21 años.

No podemos olvidar las valientes palabras de Hernando Calla, quien, tras la muerte de su hijo, publicó su Manifiesto de lucha y despedida a Julio Gabriel, en el que afirma: “Responderemos a la violencia con las armas de la dignidad, la nobleza y la valentía/ Responderemos a los asaltos con la autodefensa de nuestra dignidad personal/ Responderemos al intento de dividirnos y arrinconarnos con el gesto noble y valiente de la mutua protección/ Responderemos al amedrentamiento con la pérdida del temor para auxiliar a las víctimas. En consecuencia, declaramos a los cuatro vientos: Guerra contra la violencia delincuencial y criminal (…)”. Solo un corazón de nobleza demostrada convierte tanto dolor en una lucha solidaria y amorosa de mutua protección.

El miércoles 7 de octubre, finalmente, cuando algunos ya habíamos perdido la esperanza en la Justicia, el Tribunal 5º de Sentencia condenó a 30 años de reclusión sin derecho a indulto a Oswaldo Jaime Tórrez Echeverría y a Christian Sarmiento Callejas, ambos de 28 años. El último está prófugo. Alberto Sarmiento Callejas, de 25 años, recibió una pena de 15 años por el delito de robo agravado, y su prima Linda Callejas, dos años por complicidad. “Por fin se hizo justicia para Gabriel”, exclamó Hernando Calla, quien encuentra una premonición en la letra de la canción El asesino de Iron Maiden que tanto le gustaba a su hijo: “No es el dinero que obtengo/ se trata de la emoción de la cacería/ y voy tras de ti/ Mejor te cuidas, porque soy el asesino”. 

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