Columnistas

Jallalla Pachamama

Las mujeres de este siglo provienen de la historia larga, pero a su vez son la síntesis política del futuro

La Razón / Idón Moisés Chivi Vargas

00:02 / 23 de marzo de 2012

Bolivia está viviendo un tiempo político intenso, como intenso es el azul del cielo libertario. Tan intenso como el blanco de las wiphalas rebeldes que separan aransaya de urinsaya, de arriba y de abajo. Tan intenso como el negro de la tinta con la que Bartolina Sisa, Gregoria Apaza, Juana Azurduy de Padilla, María Barzola, Domitila Chungara escribieron la historia de Bolivia a mano y sin permiso.

Bolivia está recorriendo los caminos de una revolución política donde las mujeres son su bastión, su reserva moral, el lugar donde la memoria larga con la memoria corta se unen para entrar en comunión, para ser uno siendo par. Qué duda cabe, la Bolivia del siglo XXI, no podría ser sin las mujeres del siglo XXI, y es que este siglo está aprendiendo a caminar sobre sus propios pies, sobre su propia memoria, sus propias urgencias. Y es que las mujeres de este siglo provienen de la historia larga, pero a su vez son la síntesis política del futuro. Y es que el futuro tiene vientre de mujer, es madre, es tierra… es Madre Tierra, es Pachamama.

Pachamama es una de las pocas deidades matriarcales que resistió a la agresión colonial, a la agresión liberal, al marxismo y al ateísmo; constituye el primer universal en el lenguaje de los derechos humanos: los “Derechos de la Madre Tierra”. Victoria de la descolonización en las Naciones Unidas. Pachamama es el núcleo de la identidad indígena a lo largo de más de cinco siglos de historia rebelde.

Dice el historiador español Esteban Mira Caballos que: “Antes de la llegada de Colón había en América cientos de culturas, cientos de lenguas, cientos de religiones. Vivían millones de personas con un largo pasado histórico. Era un mundo. Tras la aparición de los españoles la evolución de esos pueblos y civilizaciones quedó cortada en seco. Hubo luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados. El variadísimo universo indígena quedó reducido a un solo grupo humano: el indio. Todos fueron a parar al mismo saco: esclavos, siervos, campesinos, nobles, reyes (...) ¿Qué fue de los músicos, de los médicos, de los astrónomos, de los arquitectos, de los pintores, de los jueces, de los historiadores, de los orfebres o de los filósofos indígenas? ¿Qué ocurrió con los poetas quechuas que recitaban las hazañas históricas de los incas en las fiestas del Sol? Todos fueron borrados de la faz de la Tierra, al igual que el mundo en el que vivían. El choque de civilizaciones fue tan terrible como un hipotético encuentro actual con extraterrestres que destruyera nuestra forma de vida.”

Nosotros afirmamos hoy: ¿Qué fue de las mujeres y su sabiduría? ¿Qué fue de la Pachamama? Pretendieron borrarlas, pero las muy tercas no se dejaron, no se perdieron… Le ganaron al genocidio… Le ganaron a la muerte.

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