Columnistas

Juan de Recacoechea, el escritor del rebusque

Cuando uno lee ‘American Visa’, puede comprobar la capacidad de observación de Recacoechea.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Molina

01:51 / 28 de enero de 2017

Acaba de fallecer el escritor Juan de Recacoechea, autor de American Visa y de otras novelas premiadas en los principales certámenes de las letras bolivianas. American Visa ganó el premio Guttentag, fue traducida al inglés e inspiró el guión escrito por Juan Carlos Valdivia para la película homónima, también dirigida por Valdivia, que constituye uno de los filmes más internacionales y de mayor producción (en ella participa la tristemente célebre Kate del Castillo) de nuestro país.

Murió Recacoechea rápidamente y a una edad avanzada, dejando atrás una vida más parecida a la de un escritor anglosajón (es decir, práctica e interesante) que a la de los escritores iberoamericanos y europeos, que suelen ser “ratones de biblioteca”. Fue periodista, cineasta, trabajó en el viejo canal 7, buscó ganarse el sustento con novelas de género (policiales, por ejemplo), que fueran bien acogidas por el público. Una vez le confesó a su amigo y coetáneo el pintor Gonzalo Rodríguez, el cual era a la vez amigo mío y me lo contó, que no estaba interesado en ser un escritor original y minoritario, sino que lo que quería era hacer novelas entretenidas que todos pudieran disfrutar.

Cuando uno lee American Visa, puede comprobar la capacidad de observación de Recacoechea, pues la novela retrata con precisión, podríamos decir que con conocimiento de causa, a los personajes del submundo paceño, maestrillos, inmigrantes del resto del país, borrachos, prostitutas, peluqueros, viejos que, sin parientes que los cuiden, se las arreglan como pueden vegetando en cuartuchos y pensiones. El tema de la novela fue, en su época, nuevo: la expectación —y la desesperación— de un boliviano para obtener una visa estadounidense que le permitiera aspirar al “sueño americano”. La novela se sostiene, es decir, se hace digna de ser leída, por su humor, que es abundante y a ratos desopilante, el resultado de la mirada, digamos, de alguien que ya “está de vuelta” de la vida y sabe lo ridícula que es ésta, así como son ridículos los personajes que la pueblan.

Con una prosa más cuidada, más elegante, Recacochea hubiera logrado tallar en American Visa una de las piezas más notables del costumbrismo boliviano contemporáneo; pues, pese a la estrategia literaria del autor, que ya hemos mencionado, y pese a la transformación de la novela por parte de Valdivia en una historia de aspecto más universal, American Visa es profundamente boliviana. El humor es sin duda boliviano, ese humor por el que las víctimas se victimizan y se ríen de sí mismas, e incluso de su propia tendencia a la victimización. Es, si se quiere, un humor atravesado por vetas de tristeza, un humor sin entusiasmo. El humor que ayuda a cada hombre y cada mujer de los márgenes sociales a levantarse e iniciar su jornada, que por necesidad, por las características del país, deberán consagrar al “rebusque”, a la dificultosa obtención del sustento por medio de la imaginación, la audacia, la sinvergüenzura y la explotación de sí mismos y de los demás. Solo un marginal (respecto del establishment literario) como Recacoechea pudo haber escrito ese cuento de marginales ridículos pero muy humanos que es American Visa. 

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