Columnistas

Juicio a la sensatez

Lo que pasa en estos casos es una reacción corporativa sin un mínimo de autocrítica.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 28 de agosto de 2012

Los medios y los periodistas somos intocables. Cuando alguien nos cuestiona, somos “atacados”; y cuando alguien decide enjuiciarnos, mostramos rasgos de impunidad. Pasa en todos lados, no somos la excepción.

Parecemos seres de otro mundo, los que tenemos la verdad absoluta de las cosas y los que nos creemos dueños de la libertad de expresión. Hasta tenemos el derecho casi pleno de la libertad de información. ¿Y el público? Nada para él, que se crea todo lo que le contamos en la televisión, la radio, los periódicos y, ahora, las redes sociales. Así sean rumores o chismes. Total, somos periodistas.

Permítanme la catarsis en primera persona plural, aunque no necesariamente nos involucre a la mayoría de los colegas. Es que, escuchando a algunos políticos, periodistas, dirigentes del gremio y dueños de medios de comunicación, lo que pasa en estos días pareciera ser el fin de nuestro oficio.

Sí, preocupa que el Gobierno haya iniciado procesos ordinarios contra tres medios (Página Siete, El Diario y ANF), así se haya equivocado en la manera de enfocar la acción, que, en mi opinión más se prestaba para el arbitraje de los entes de autorregulación.

Lo que normalmente pasa en estos casos —lo he dicho varias veces— es una   reacción corporativa por el asunto sin un mínimo de autocrítica, que ayudaría quizás a evitar estos malos momentos (esto, pensando que sí hay colegas sensatos en esos medios y otros) ante el poder político. Específicamente en el caso que motiva estos días el debate, no hubo más que un error de titulación, de enfoque o tratamiento informativo —malintencionado o no, eso es más posible de dirimir— respecto de las declaraciones del presidente Evo Morales.

Al asunto. El Mandatario dijo: “En el oriente boliviano todo el año se produce, sólo por falta de voluntad podemos no tener alimentos. En el altiplano es diferente; si hay helada, lluvia o granizada, no hay alimentos. Pero en el oriente sólo por flojos podemos hambrear”.

Si alguien acucioso revisa de dónde salió la tergiversación de las declaraciones, se dará cuenta de que algunos de los propios colegas hicieron correr la voz en el Twitter en sentido de que Morales “llamó flojos a los cruceños”, idea que creció hasta desembocar en la reacción en Santa Cruz. Claro, que se generalice sin mayor razón, causa, pues, indignación.

“Evo acusa de ‘flojos’ a los habitantes del oriente”, tituló incorrectamente Página Siete. Es que hubo condicionantes en las palabras de Morales que evitaban  la generalización: “sólo por falta de voluntad podemos no tener alimentos” o “sólo por flojos podemos hambrear”.

Menos afortunado fue el enfoque de El Diario: “Evo dice que el oriental es flojo y le critican por discriminador”. Y, aunque parezca paradójico, el primer sindicado en el entuerto, la agencia ANF, fue el más sensato: “Evo dice que si se hambrea en el oriente es por ‘flojera’”. Cierto, así de condicional.

Pero lo que llama la atención en este nuevo impasse es que el Gobierno equivoque la vía del proceso, que debería ser mediante un Tribunal de Imprenta o un Consejo de Ética, y, por su lado, los medios aludidos, al menos dos de ellos, no acepten que tergiversaron el hecho.

Si esos medios se disculparan del error, por decir lo menos, lo del Gobierno sería un juicio a la sensatez, que debería primar en el ejercicio periodístico.¿Somos acaso tan infalibles?

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