Columnistas

Kenny reality show: violencia y popularidad

Los reality shows alientan la vanagloria con mensajes violentos que privatizan la vida de los jóvenes

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:27 / 10 de octubre de 2015

En días pasados, en la ciudad de Santa Cruz, André Z., un joven de 20 años, sufrió una brutal golpiza a manos de Kenny T., de 21 años, uno de los protagonistas del programa de televisión Calle 7, un reality show que se transmite por la red Unitel. Por la extrema violencia y sadismo con los que actuó, el agresor fue acusado por tentativa de homicidio y lesiones graves. En el video captado por una cámara de seguridad, que se hizo público por las redes sociales, se observa a la víctima bajar de un taxi, tras lo cual se encuentra con el agresor, quien a puñetes y patadas lo tira al piso y continúa con la golpiza hasta dejarlo inconsciente. Luego, salta como un luchador con los dos pies sobre la cabeza de la víctima y continúa pateándolo, hasta que finalmente arrastra el cuerpo hasta la acera, donde la cámara ya no logra registrar sus acciones.

Este hecho de violencia adquirió dos posicionamientos en la opinión pública, desde la perspectiva de víctima y desde la del cuasi homicida. Llama la atención que el agresor haya intentado justificar su actitud como una suerte defensa de su “honorabilidad”. Incluso oí a algunas personas, sobre todo jovencitas fanáticas del violento agresor, calificando como “injusta” la acusación contra Kenny por intento de asesinato a André. Sé que se ha abierto una cuenta bancaria para recaudar fondos en favor de su defensa (vaya uno a saber a dónde irá a parar ese dinero). Muy pocos medios de comunicación han tratado este asunto desde el análisis y la crítica; reflexionando por ejemplo, ¿qué tipo de medios de comunicación tenemos en el país?, y sobre todo respecto a los reality shows y sus efectos perversos en la población, en especial de muchos jóvenes.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, en la que a través de distintos medios masivos de comunicación se intenta manipular el comportamiento de la sociedad. Precisamente,  los reality shows (no fue casual que uno de los primeros programas de este tipo se haya denominado el Gran Hermano) tiende a promocionar la vida del anónimo mediante un espectáculo. Ese anónimo, sobre todo jóvenes, no siempre son talentosos(as) ni hermosos(as), y para subsanar esos “grandes vacíos” se arman melodramas y comedias o se inventan rivalidades, con el fin de convertirlos en héroes y/o personajes mediáticos construidos en ese espacio banal. Una de las particularidades de estos programas es que los participantes deben someterse no solamente a las reglas, sino también a la voluntad de los patrocinadores. Tengo entendido que en Calle 7 los jóvenes participantes deben permanecer en una suerte de encierro, obligado por la empresa televisiva bajo contratos (¿no es ésta una forma de secuestro?). En esta “realidad”, llena de violencia simbólica y física, no se distingue claramente el bien del mal. El objetivo del reality show no es otro que lograr altos ratings de audiencia a como dé lugar; dándoles la oportunidad a los participantes para que se conviertan en famosos o famosas. El resultado de todo esto es un espectáculo que sutilmente envía mensajes violentos y privatiza la vida de los jóvenes; y que a la vez alienta la vanagloria y el envanecimiento, sin tener nada que sustente estos sentimientos. ¿Éste es el resultado que buscan los organizadores de los reality shows y programas como Calle 7? Lo más seguro es que su respuesta sea “no”; pero, a pesar de esta negativa, el agresor Kenny encontró la popularidad soñada, ya es famoso, aunque el precio al parecer será en la cárcel.

Pasïr maranakanxa Kuchhitil sasawa jaqixa sirïnxa uka Unitel jupanakaruxa. Uka säwixa armakjamakixiwa jichhurunakanxa. Aka ñanqha lurawinakampixa ¿wakisispati wasitampi ukhama sañaxa?

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