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‘Kharsuta’

Kharsuta es alguien que está herido de muerte. Su herida es, sin embargo, invisible

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 21 de junio de 2015

Kharsuta” es alguien que está herido de muerte. Su herida es, sin embargo, invisible. La fuerza vital del kharsuta ha sido extraída a través de la herida. Y, casi sin darse cuenta, se irá debilitando. Su piel se pondrá pálida. Su carne se secará. Perderá la capacidad de mirar a los ojos a sus semejantes y luego morirá.

Quien provoca la enfermedad del Kharsuta es el kharikhari, un ser mítico que recorre las ciudades y campos andinos en busca de víctimas, a quienes duerme para extraerles la grasa de un costado de su cuerpo. El kharirkhari es normalmente un forastero, alguien de paso, que no pertenece al “nosotros”. Por eso, al extraer la fuerza vital de su víctima, el kharikhari la atrae hacia su círculo de otredad, lo convierte en un “Otro”. En una sociedad colonial, ser el “Otro” es ser kharsuta. Y ser kharsuta es estar herido de muerte.

En Bolivia Potosí y su Cerro Rico son el símbolo más importante de la Colonia. Ocho millones de indios murieron trabajando como esclavos en los 5.000 socavones que se abrieron en el vientre del Cerro. Por las noches 6.000 fogatas iluminaban sus faldas, fundiendo la plata que ella continuamente menstruaba. Los 16 millones de toneladas de plata que se extrajeron de Potosí hicieron posible el surgimiento de la modernidad, la revolución industrial y la economía capitalista.

En enero de 2011 un boquete de 20 metros de ancho se abrió en la cima del Cerro Rico. Los mineros que trabajan en las 500 minas que existen aún en su vientre culpan al cambio climático. Los habitantes de la ciudad de Potosí culpan a los mineros.

Las autoridades locales y nacionales y personeros de la Unesco están haciendo esfuerzos para preservar el Cerro, su forma piramidal y su título de patrimonio de la humanidad, pero ningún plan contempla la posibilidad de detener la explotación minera, porque los intereses de muchos mineros y los ingresos de miles de familias serían afectados.

Casi toda la fuerza vital de la montaña ha sido extraída por una herida invisible. Se ha ido debilitando. Su piel está pálida. Su carne está seca. Se ha convertido en kharsuta.

La única forma de curar a un kharsuta es restituirle la fuerza vital que le ha sido arrebatada. Algunos de los remedios para esa enfermedad  incluyen un elaborado procedimiento con un yatiri y una oveja negra o, en contextos más modernizados, un remedio que se vende embotellado y que, según algunas fuentes, incluye en su composición habas rojas, huayrurus molidos y la misma grasa extraída de los kharsutas. Se cierra así un círculo: el kharikhari extrae la materia prima de sus víctimas y luego le vende a ellas mismas el producto con valor agregado. Crea la enfermedad y luego crea el remedio. Como el capitalismo.

Pero la plata que se ha tomado del Cerro Rico hace mucho que ya no existe: se ha convertido en un sistema económico mundial que se basa en la injusticia. La pobreza no es la etapa inicial de un proceso que termina en riqueza, la pobreza es una consecuencia de la riqueza. Se necesitarían diez planetas como éste para que los países pobres pudieran consumir tanto como consumen los ricos.

En los años 60 se decía que los ricos deben vivir simplemente, para que los pobres puedan simplemente vivir. Esa ya no es una opción viable. Los ricos van a seguir consumiendo la plata, el petróleo, los alimentos y las aguas del planeta para preservar su estilo de vida. Los pobres, para sobrevivir, van a depredar lo que quede. Los ricos van a consumir los recursos del planeta hasta que colapse. Los pobres van a explotar el Cerro Rico hasta que se derrumbe. Todos somos kharsutas.

Es cineasta.

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