Columnistas

Labores de casa

Las que tienen un trabajo formal no dejan de realizar, además, sus propias ‘labores de casa’

La Razón / Verónica Córdova

00:04 / 27 de mayo de 2012

Seamos claros: no existen mamás que no trabajan. Las mujeres que tienen escrito “labores de casa” en la categoría “ocupación” de su carnet de identidad son las más ocupadas. Y las que tienen un trabajo de ocho, diez o 12 horas diarias en una oficina, una tienda, un mercado, las calles de la ciudad o la cocina de otra familia no por eso dejan de realizar —además— sus propias “labores de casa”.

Tal vez todavía subsiste esa categoría en el carnet porque en otra época ser mamá y ser ama de casa eran una única y misma cosa. Hoy las madres son senadoras, gremiales, ingenieras, ministras, obreras, contrabandistas, maestras, artistas, reporteras, filósofas, cocineras… y también son amas de casa después y antes de sus horas de trabajo. ¿Será ese un triunfo de la lucha por la igualdad de oportunidades, o una nueva trampa de la sociedad patriarcal para obligarnos a hacer doble y triple labor por la misma paga?

Yo creo que, a pesar de lo pesado de la carga, es un avance el que por ser mamás no tengamos que necesariamente dejar de ser personas: seres con nombres, con aspiraciones, con responsabilidades, con voluntades y proyectos, y profesiones y vidas que van más allá de las labores de casa.

Y no es que tenga algo en contra de la sana costumbre maternal de cocinar, lavar, planchar, limpiar, hacer las compras, llevar la basura, ayudar a los hijos en las tareas, recordar los jarabes y los disfraces y las manualidades, pagar las cuentas, poner curitas a las heridas y remendar los corazones rotos y no dormir el sábado hasta que el hijo llegue a la casa sano y salvo. Tengo claro que ésas son las labores de casa que alguien debe hacer para que una familia exista. Lo que me gustaría es que no seamos siempre y sólo las mamás las que llevemos adelante esas pesadas, dulces, ennoblecedoras e imprescindibles tareas. Ya que la casa la comparte toda la familia, sus labores (con sus cansancios y sus satisfacciones) deberían ser también compartidas.

Lo triste es que hay muchas, demasiadas, mamás que a pesar de haberse pasado la vida trabajando por y para su familia, cuando ya están ancianas y cansadas no reciben ningún tipo de beneficio de la sociedad que han sostenido con su silenciosa labor cotidiana. No hay jubilación para la ocupación “ama de casa”, oficialmente reconocida en el carnet y en la legislación boliviana.

Quizás algún día se deje de escribir “labores de casa” en el carnet como ocupación de una sola persona, casi siempre la mujer y la mamá de la casa. Quizás algún día el compromiso cotidiano con el bienestar de los que amamos deje de llamarse “labores de casa” y se llame “labores de familia”. Mientras tanto, te doy una sugerencia de regalo para el día de la madre: comparte con tu mamá, con tu esposa, con tu compañera las “labores de casa”.

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