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Labores de casa

¿Cuánto se les debería pagar a las amas de casa por las labores que realizan en sus hogares?

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de abril de 2015

Y usted ¿en qué trabaja? En nada, no trabajo. ¿Qué hace? Nada. ¿Qué ocupación tiene? Labores de casa. La Asamblea Legislativa del Ecuador ha proyectado una ley para que el Estado reconozca, en efectivo, el aporte de las “labores de casa” a la sociedad. En líneas generales, se le ha puesto precio a cada labor que se realiza en un hogar.

Las amas de casa atienden a los hijos, cocinan, lavan la vajilla, barren el piso, limpian los cuartos y los baños, lavan la ropa, la planchan… El razonamiento es de lo más simple: si en el hogar se tuviera que contratar a una persona para que realice cada una de esas actividades, ¿cuánto se le pagaría en promedio? De tan sencillo cálculo surge un resultado sorprendente: el 14% del Producto Interno Bruto (PIB) del Ecuador. Un montón de plata.

Con base en estas estimaciones y, por supuesto, en muchos otros razonamientos, se proyecta una ley por la que el cálculo del trabajo de la mujer en el hogar se convertirá en un sueldo teórico. Y el Estado asumiría ese sueldo teórico como referencia para el aporte nominal de esa ama de casa a su cuenta de jubilación. De ese modo, esa población, que suma millones (en Ecuador y aquí), que no percibe salario, por lo menos recibirá una jubilación cuando se empiece a quedar sola.

La noticia la trajo la presidenta de la Asamblea Nacional del Ecuador, Gabriela Rivadeneira (en su país la legislación es unicameral), quien compartió una charla con nuestros legisladores. De esa manera dio un ejemplo sobre la utilidad del ejercicio de la labor legislativa. Que ese privilegio, en procesos políticos como los que viven Ecuador, Bolivia y otros países de la región, sean diferentes y que la gente lo sienta, lo experimente.

¿Cuál es la diferencia entre un legislador de derecha y uno de izquierda? Y ella se respondió: el ser humano. Si se lo plantea desde un punto de vista ideológico, queda como demasiado obvio. Se supone que una administración, llamémosla de derecha, privilegiará temas económicos para fortalecer el sistema capitalista (hace un tiempo se simplificaba con la “política del chorreo”: que los ricos sean más ricos para que gasten más en banquetes y hayan más sobras para los pobres).

 No obstante la legisladora también advirtió que no se trata solo de hacer leyes “sociales” que no se cumplen o no tienen utilidad real para la gente que las necesita. Se me ocurre que, con nombres bonitos, también se puede errar el tiro. Por caso, la ley que amplía la jubilación en Bolivia, mediante el aporte solidario de los trabajadores con empleo permanente, para que choferes de transporte masivo y cooperativistas mineros, entre otros, se beneficien con una jubilación. No es ningún misterio que en ambos gremios hay muchos, pero muchos, que tienen más ahorro y bienes que quienes dependen de un salario. Y no cotizan para su jubilación porque no quieren. Un mundo de diferencia con las mujeres que no tienen gremio para presionar al Congreso y que, cuando les preguntan, responden que no hacen nada.

 Me queda la impresión de que el asunto de legislar puede ser más sencillo de lo que aparenta y que en el juego del poder, que es nada más que un juego de intereses, habría que tener por lo menos una cuestión clara. Tan ilustre visita puede haber dejado a nuestros legisladores “labores para la casa” (en la escuela le dicen tarea para la casa).

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