Columnistas

Lacayos de Goebbels

Ay de la gente a merced de periodistas que se ungen héroes y mártires de la libertad de expresión.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:09 / 29 de junio de 2016

Ay de la gente a merced de periodistas, sin importar género, que en Bolivia se ungen héroes y mártires de la libertad de expresión. Soberbias ellas, como la Estatua de la Libertad en Manhattan, esa vieja tea en alto y cabeza hueca. Petulantes ellos, a la par de Barrientos, el dictador tronante que insultaba a Marcelo y mentía. Yerro fundido, su monumento en Cochabamba.

Columnistas enemigos, no críticos, del proceso de cambio, que huelen a Joseph Goebbels en lo que dicen o escriben. “Calumnia, calumnia, que algo queda”, pedía el capo de propaganda de Hitler a sus cafichos mediáticos. Los amanuenses de hoy se refocilan: ¡columna, columna, que algo quedará!

Son los que estercolean en el periodismo con la nauseabunda amarillez, por ejemplo, del caso Gabriela Zapata. Zapatrañas, metidos en diarios, radios y Tv arman culebrones compasivos e hipócritas con personas con discapacidad o con guaguas ficticias, víctimas en tiempo real de la trata: que el niño muerto del Tipnis, que el niño vivo del Evo, que el niño alquilado por una Fortún... a (sic).

¡Columna, columna!, columnan a la mala, con una mano en la cintura y la otra en la bragueta de la impunidad. Falsean hechos con el uso medio ático (el chiste simulado de los atenienses) de tías sentimentales, abogados de cariñito, testigos de mentiritas, etcéperra. Son una ONG, siglas de organismo neogoebbelsiano. Atarantan al público, enlodan la Justicia a sabiendas de las matufias de Gabriela Zaplata (¡plata, plata!) y luego, cuando les vence la verdad por su ley de gravedad, se victimizan, se tiran al suelo para que deudos y demás personas piadosas los levanten. O, en el ras de su cobardía, se ponen a recaudo, lejitos, aduciendo persecución política.

Másteres de la engañifa (con libreta militar, eso sí), claman auxilio a la OEA y a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y lo primero que hace la SIP es “condenar profundamente” al Gobierno “porque estigmatiza el libre ejercicio de la prensa”. ¿Pero qué es la SIP? Un parapeto de los dueños de diarios para destruir, desde la Guerra Fría, a los que luchan contra la dependencia y el neoliberalismo. Igual que hace hoy la OEA contra Venezuela.

La SIP es, en rigor, la sociedad imperial de los propietarios de periódicos privados (SIPPP), poderosos que pagan con papeles al portador a periodistas propensos a la prebenda pordiosera para pegar a presidentes progresistas que ponen de pie a pueblos patriotas (ppppppppppppp). Punto. Lo dije en un aforismo, años ha: periodistas que disparan infundios pagados por la SIP son sipcarios. ¿Quejarse ante la SIP y la OEA? Lástima que no haya espacio para escribir de esa otra fámula imperialista en manos de Almagro, el magro.

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