Columnistas

‘Las cuatro D’

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:45 / 12 de julio de 2015

Las cuatro D” es un documento trabajado con las organizaciones sociales de Bolivia y que recibió el aplauso de pie y la adhesión sentida de los movimientos sociales internacionales presentes en el II Encuentro de Movimientos Populares realizado en Santa Cruz.

Primera D: desde los pueblos originarios, las organizaciones y los movimientos sociales organizados, de cada uno de los cuales las mujeres somos la mitad. Los procesos de liberación provienen de los pueblos organizados, pueblos que conocen su memoria, que toman la historia en sus manos y se deciden a cambiarla, para dar vida a las esperanzas y las utopías, que nos convocan a revolucionar las estructuras más profundas de la opresión, la dominación y la explotación, que algunas y algunos suelen llamar pecado.

Segunda D: despatriarcalización de los Estados y las sociedades. La lógica depredadora, la razón de las armas y la guerra,  la acumulación de la riqueza, la explotación son principalmente —no únicamente— formas del pensamiento masculino que están presentes en quienes hoy manejan el poder político mundial, empresarial, transnacional y religioso.

Es por esto que cualquier intento de acabar o incluso solo disminuir sustancialmente los males que afligen a la humanidad, necesariamente debe posicionarse, condenar y destruir el patriarcado.

Tercera D: descolonización de los cuerpos, las culturas, las espiritualidades y los territorios. La descolonización ubica a la memoria larga de nuestros pueblos originarios como el principio desde el cual vamos a construir, reconstruir y proyectar nuestras identidades y nuestro lugar en el mundo. Necesitamos descolonizar la espiritualidad para afirmar que no hay verdades absolutas e indiscutibles, y que los Estados laicos deben de garantizar el diálogo entre hermanas y hermanos, para encontrar la energía, la valentía y la sabiduría de luchar en favor de la humanidad y la naturaleza contra todo tipo de opresión. Es grato ver que nuestra hermana naturaleza recibe hoy la compasión y la reflexión liberadora; sin embargo, esa misma agudeza no se extiende hacia los cuerpos de las mujeres, cotidianamente violados, en el seno de familias, iglesias, partidos y movimientos sociales.

Cuarta D: desneoliberalización anticapitalista, de las economías, del trabajo y la producción. La explotación de la humanidad y la superexplotación de la naturaleza son la esencia del capitalismo, y esta explotación es la que ha puesto en crisis el sistema. Las medidas, entonces, no son la humanización de la explotación o un disminuir la explotación, se trata de ¡acabar con la explotación!

No podemos condenar al capitalismo neoliberal sin denunciar el trabajo no pagado e invisibilizado llamado doméstico, que encubre y naturaliza la servidumbre de las mujeres bajo el engañoso concepto del “amor” familiar, cuando los beneficios y el lucro de este trabajo doméstico enriquecen a las empresas, a las transnacionales y al capitalismo, al no pagar los costos reales de la fuerza de trabajo.

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