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Latinoamérica prolífica

El sentido práctico enseña que si se quiere mayor integración, habrá que ceder soberanía

La Razón / José Gramunt de Moragas

01:00 / 07 de diciembre de 2011

El fin de semana anterior nació en Caracas una nueva criatura regional. ¡Otra! Esta vez en competencia abierta con la OEA. Se llamará “Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe”. Los EEUU y Canadá quedaron explícitamente excluidos. La neonata comunidad tiene un tufillo bolivariano-chavista. Sobre esta base, los objetivos más apremiantes de la nueva comunidad son los económicos y los políticos. En lo que se refiere a la economía, lo que más interesa es alcanzar la integración comercial y la creación de una “arquitectura  financiera común”. Y con esto blindar a los 33 países de CELAC de la grave crisis que aflige a Europa y a los EEUU. No cabe duda de que la comunidad recién nacida es una saludable previsión.

Porque, recuérdese que varios de los intentos para alcanzar esos mismos fines tuvieron resultados muy menguados. El objetivo político, además de la exclusión del norte, es la protección de los gobiernos contra los golpes de Estado, como ya se había establecido en la cumbre Iberoamericana de 2010.

Esto último ha sido una constante en las diversas organizaciones integracionistas. De manera que la repetición es un mea culpa y un propósito de la enmienda, teniendo en cuenta que varios de los jefes de Estado presentes en Caracas llegaron al poder por medios de golpes de Estado, de elecciones fraudulentas u otras martingalas propias del bestiario político.

Lo que no se entiende es cómo, después de esta profesión de fe democrática, los 33 presidentes suscribieron una “Declaración Especial sobre la Democracia”, tan “especial” que manda a la democracia al garete. Así de simple. Se pasa por alto la necesidad de elecciones libres periódicamente, la pluralidad de los partidos y organizaciones políticas, así como la separación e independencia de poderes. O dicho de otra forma, justifica implícitamente los autoritarismos neofascistas.

No obstante, todo es posible en Caracas. Incluso algunas notas pintorescas, aún en medio de asuntos tan importantes como es la integración de los pueblos de la región. La primera nota chocante es el nombre de CELAC que suena a reconstituyente lácteo. La otra es la campechana camaradería con la que Doña Cristina Fernández trata los conceptos económicos. En efecto, sentenció que “nuestros países tienen sólo un comercio introzona del 16% del comercio ‘expo’,  (por exportaciones) e ‘impo’, (por importaciones). Y, en cambio tienen el  84%   de ‘expo’ e ‘impo’ fuera de nuestros países”. La Real Academia de la Lengua habrá temblado frente a esta guillotina lingüística. No importa, con tal de que “nuestros países se conviertan (habla Doña Cristina) en “protagonistas del siglo XXI”. Que así sea.

Los 33 presidentes se ocuparon también del narcotráfico y del lavado de dinero, frente los cuales, otra vez Doña Cristina aconsejó que los países productores y consumidores luchen contra esa plaga criminal “de forma comunada”. Acertado consejo.

Aunque la “Declaración  Especial” (cuyo contenido es político) no lo diga, el sentido práctico enseña que si se quiere mayor integración, habrá que ceder soberanía. Don Evo Morales se ocupó de recordarlo al referirse al problema marítimo con Chile.

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