Columnistas

Lecciones de Guatemala

Pobreza igual a delincuencia parece ser una fórmula simplista de interpretar la realidad.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

01:00 / 28 de octubre de 2013

En los últimos años, si alguna noticia nos llega de Centroamérica, seguro es una mala noticia. Y es que hablar de estos países implica referirse al crimen organizado, el feminicidio, la corrupción y el narcotráfico. Una serie de fantasmas que amenazan todo el continente latinoamericano y se tornan en realidad cotidiana en Guatemala.

En días pasados, al referirse a este contexto, el presidente Otto Pérez Molina hacía referencia a la pobreza como una de las causas de los altos índices de delincuencia. Lo que el presidente Pérez evitó mencionar es que, en su país, junto a la extrema pobreza convive la extrema riqueza de una manera escandalosa. Pobreza igual a delincuencia parece ser una fórmula simplista de interpretar la realidad, que el exmilitar aplica a la hora de explicar los problemas de Guatemala, sin poner atención a la enorme desigualdad económica y la violencia que esto causa.   

Según el Informe Mundial de la Ultra Riqueza 2012/2013, un pequeño grupo de 1.025 millonarios centroamericanos  acumula fortunas por $us 137.000 millones. En Guatemala, tan sólo 245 millonarios controlan un capital de $us 30.000 millones. El número de ricos, con una fortuna media individual de $us 122 millones, equivale al 0,06% de la población del país, con un PIB que sumó $us 49.895 millones el año pasado. Estas cifras impactan en una nación donde la mitad de sus habitantes sufren de pobreza extrema y uno de cada dos niños padece desnutrición crónica.

Y Guatemala es un espejo de lo que ocurre en los países que optan por un crecimiento sin redistribución. Así, cada vez somos más conscientes de que los pobres no son el principal problema en Latinoamérica; más bien debemos poner atención a los ricos y conocer las instituciones sociales y económicas que operan para multiplicar su riqueza.

Carmen Rosa Escribano, directora ejecutiva del Instituto para el Desarrollo Sostenible de Guatemala, es muy clara al sostener que “la inequidad es uno de los principales problemas en Centroamérica; la brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más grande: hay más pobres, menos ricos y se está estrangulando a la clase media”, y en esto los gobiernos tienen mucha responsabilidad, ya que los países de la región con más millonarios son los que tienen menos impuestos. Escribano declara que “la tasa impositiva recae sobre todo en la clase media. Hay históricas familias millonarias que han mantenido privilegios y negocios evadiendo impuestos. Empezaron por tierras, siguieron con la banca y ahora pertenecen a grandes consorcios de extracción de bienes primarios, como el azúcar”.

Aunque en Centroamérica hay un puñado de ricos, explica Escribano, “el capitalismo ni siquiera está desarrollado. Existe una visión feudal y monopólica comercial, económica y financiera, centrada en familias con incidencia directa en las decisiones políticas”.Es hora de tomar en serio las lecciones históricas de Centroamérica. Un Estado que favorece la acumulación de riqueza extrema pronto será víctima de la corrupción extendida, la violencia social y el debilitamiento de su institucionalidad democrática. Los buenos negocios en América Latina sólo serán buenos si nos aseguramos que no favorezcan a unos pocos.   

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