Columnistas

Lecciones en democracia

Donde perdió el MAS no ganó ‘la oposición’, sino los ‘opositores’. Importante que lo entiendan

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:50 / 31 de marzo de 2015

La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás” (Sir Winston Churchill). El domingo, Bolivia ejerció su derecho constitucional en las elecciones para gobernador, asambleas departamentales, alcaldes y concejos municipales (y algunas pocas instancias específicas más). No voy a referirme a cifras porque mientras escribo, el domingo al filo de las 22.00, aún no hay datos oficiales (tampoco se puede consultar la página del Órgano Electoral boliviano, tal como me pasa en cada elección) y aunque los conteos a boca de urna pueden ser bastante certeros, solo analizaré posicionamientos y no números para comprender los aprendizajes que estas elecciones (lecciones en democracia) dan.

El primero, siempre sabido: los panoramas electorales propios de las regiones no dependen de los nacionales, sino de las realidades propias. Un MAS que ganó en todo el país no pudo corroborar su triunfo en las elecciones nacionales. Dicho de otra forma, el presidente Morales Ayma no pudo trasladar su éxito electoral a sus candidatos regionales y perdió espacios que el partido oficialista había ocupado en el pasado.

Segundo: malos candidatos no tienen solución. Ni aunque un líder carismático como Evo Morales haga todo el esfuerzo por ellos. Sin embargo, en oficialistas y opositores, las virtudes propias sí ayudan a la victoria, como en el caso de Luis Revilla Herrero en La Paz, Soledad Chapetón Tancara en El Alto e Iván Canelas Alurralde en Cochabamba.

Tercero: el desgaste en gestiones poco afortunadas puede ser totalmente anulador. Solo pudieron repetir victoria los candidatos que hicieron una buena gestión o supieron demostrarlo.

Cuarto: nuevos nombres (lo que no quiere decir que hayan surgido de incógnito) pueden refrescar el ambiente político y ayudar a crear nuevos liderazgos, como José María Leyes Justiniano en Cochabamba y Adrián Oliva Alcázar en Tarija, e incluso Reymi Ferreira Justiniano en Santa Cruz de la Sierra, aunque no haya ganado.

Quinto: la judicialización de gestiones regionales (algo ya común como forma de combate político en Bolivia) no significa la anulación de los judicializados ni su estigmatización, y puede ayudarles, como a Jorge Morales Encinas en La Guardia, a Jaime Barrón Poveda en Sucre y a Ernesto Suárez Sattori en Beni, aunque ninguno competía.

Sexto: sin conocer la composición de los nuevos concejos municipales ni de las asambleas legislativas departamentales, no queda duda de que en la inmensa mayoría habrá composiciones plurales que obligarán a negociar, debatir y consensuar. Como también dijo Churchill: “La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”. Y séptimo: donde perdieron los oficialistas no ganó “la oposición”, sino “opositores”. Importante que lo entiendan.

En democracia, la diversidad enriquece la vida política. Fomentarla y respetarla engrandece a una sociedad, porque la vuelve más transparente y proactiva. Una sociedad unipolar se anquilosa, pues no tiene quién la confronte y le obligue a superarse.  

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