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Lefort

Al ser eliminado el rey, también se elimina la jerarquía social y todos los hombres aspiran a ser iguales.

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela / La Paz

03:11 / 22 de diciembre de 2014

Claude Lefort fue un destacado filósofo francés que nos heredó una de las reflexiones más lúcidas sobre democracia. Sus libros más importantes sobre este tema son La invención de la democracia, que presenta una colección de artículos y ensayos sobre el tema; y más recientemente El odio a la democracia, donde analiza a los gobiernos oligárquicos que generan más o menos democracia. Para comprender el aporte de Lefort, debemos partir de un “antes de la democracia”, y luego de un “después de la revolución”.

Antes de la democracia, el monarca encarnaba en esencia la fuente de todo poder. El monarca era el Estado y la totalidad del mismo. El monarca no era un tirano. El régimen estaba regulado por leyes e incluso se podría decir que había un Estado de derecho, pero eso sí, todo —el poder, la ley, el saber— confluía al mismo polo: el monarca que representaba la garantía del orden y la jerarquía social. La literatura de la época buscaba un buen rey, un buen polo de estabilidad y orden.

Lo que sucede después de la revolución es que el poder se desvincula de su encarnación y se convierte en un “lugar vacío”, y el gobierno puede encargarse a personas normales. Si el monarca antes participaba de la inmortalidad, con la democracia se encuentra en manos de personas mortales sometidas al control de las urnas. Al ser eliminado el rey, también se elimina la jerarquía social y todos los hombres aspiran a ser iguales.

En democracia, nos dice Lefort, ningún hombre puede llegar y ocupar el lugar del poder como si fuera de su propiedad, ningún hombre puede encarnar de manera perpetua el poder; por ello se habla de un “lugar vacío”, haciéndose tan necesaria la elección de los gobernantes por voluntad popular y la alternabilidad.

A momento de quebrarse el lugar del soberano único, también deja de haber una única fuente del saber y de la ley. La democracia es una forma de vida en sociedad en la que tanto el ejercicio del poder, así como la formulación de la ley, se discuten constantemente. En democracia es totalmente legítimo debatir sobre lo que es o no legítimo. Ya no es posible una garantía última ni una legitimación absoluta, todo es objeto de debate permanente.  

Si todo es debatible, las formas sociales de organización del poder son históricas y dependen de la correlación de fuerzas en un momento determinado. No hay absolutos de poder ni eternos gobernantes. Solo el movimiento de fuerzas permite vivir en un equilibrio histórico que se genera en base al acuerdo político. Esto es muy importante: el orden de una sociedad solo puede proceder de un fundamento político y no de un fundamento trascendental y absoluto. De esta manera el “lugar vacío” es la condición de la política y no puede existir democracia si la sociedad no comprende que es responsable del gobierno.

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