Columnistas

Lengua suelta

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 01 de enero de 2013

Comienza 2013 y no dejamos de olvidar lo que nos dejó el reciente año pasado. Lo más grave, el caso de la red de extorsión que todavía no termina de mostrar todos sus tentáculos, hasta el momento extendidos en parte de los ministerios de la Presidencia y Gobierno, el Ministerio Público, el Tribunal  Judicial de Santa Cruz y, ahora, la Policía Boliviana. Sin embargo, bastante se habla sobre esto que nos avergüenza.

De entre tantos hechos, hubo algunos dislates políticos que generaron polémicas en su momento. Quizás esto se repita este año, considerando que será uno preelectoral. Habrá más de un dirigente o líder que, en su afán de marcar diferencia respecto de su contendor, dirá más que una barbaridad, como nos tienen acostumbrados y como si fuera su mejor propuesta ante este proceso de cambio que trastabilla pero sigue con fuerza.

Recuerdo cómo el líder de Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina, pretendió sin éxito posicionar la idea de que el presidente Evo Morales es una persona irresponsable, al insinuar que éste será padre otra vez, y nada menos con la hija “menor” de la ministra de Desarrollo Rural, Nemesia Achacollo. “Que sea padre no es la noticia, que la madre sea menor de edad eso sí tiene implicaciones”, escribió en su cuenta de Twitter, a la que acude más que otro político para cuestionar el régimen de gobierno.

Si bien la “información” generó opinión pública y una gran comidilla mediática, tuvo un efecto bumerán para el también empresario, que quedó como un mentiroso y carente de propuesta más que el rumor. Se lo dijeron en las calles o en los mismos medios de información. Claro, los riesgos políticos corren por su cuenta.

Como Doria Medina resultó también el jefe del Movimiento Sin Miedo (MSM), Juan del Granado, que en los días precedentes del Censo de Población y Vivienda dijo que ante la pregunta 29 de identidad indígena iba a responder que es “chimán”, grupo originario del Beni. “Yo me voy a identificar como chimán, porque quiero identificarme con los pueblos indígenas originarios que están defendiendo el TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) frente a la política criminal del Gobierno contra los pueblos indígenas”, sostuvo.

Como ya lo dije, un acontecimiento tan importante no se prestaba a semejante falacia. La pertenencia a una u otra comunidad indígena es natural, no política. El líder político debió mantenerse en su idea de identificación como en el censo de 2001, cuando se declaró un “cholo blancoide”. Pero, como se trata de nuestra política criolla, cualquier argumento vale.

Aunque en otro ámbito, Morales también incurrió una serie de veces en desvaríos verbales, que reproducidos por los medios de información suelen hacerse asunto de Estado. El Primer Mandatario se caracteriza por ser un tipo lengua suelta, que olvida que sus palabras tienen más efecto que cuando las pronuncia en su sindicato. Causó muchos cuestionamientos la caracterización que hizo de las relaciones con la Embajada de Estados Unidos en La Paz. “El que tenía buenas relaciones con la Embajada de Estados Unidos (era) así como admirado. Ahora, perdón la expresión, tener relación con la Embajada de Estados Unidos es como una caca. Esto tenemos que profundizar y así nos vamos a descolonizar”, afirmó el 12 de octubre.

Seguramente hay muchos ejemplos de lengua suelta. A mí me llamaron la atención esas frases. Que Doria Medina, Del Granado o Morales están en ese juego, es su lío; más que por sus palabras, quienes los juzgan son los ciudadanos.

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