Columnistas

Levantamiento indígena en Ecuador

Varios medios de comunicación mostraron la algarabía de la gente que festejó el triunfo del pueblo ecuatoriano.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

01:13 / 19 de octubre de 2019

Las últimas dos semanas seguí con mucho dolor y a la vez mucho entusiasmo los acontecimientos ocurridos en Ecuador, y sobre todo el accionar del movimiento indígena y campesino ecuatoriano representado en la Conaie, Fenocin, Cut y otras organizaciones. Las protestas se desataron en respuesta al lanzamiento de un paquete económico por el gobierno de Lenín Moreno, ordenado por el FMI, que entre otras medidas eliminaba los subsidios a la gasolina, con lo cual los precios de los productos de la canasta familiar se disparan.

Los primeros días, los manifestantes marcharon hacia el Palacio de Carondelet, en el centro de Quito. Ante esta insistencia, el presidente Moreno se refugió y trasladó la sede de gobierno a Guayaquil, una región costeña con fuerte tradición de acoger a las élites más recalcitrantes y racistas de Ecuador. Al no ser acogida la demanda de abrogar el polémico decreto, el enojo subió en el movimiento indígena y campesino, que se dirigía a Quito desde la antigua Kitu kara y otras regiones. Mediante la televisión digital y radios locales, pude seguir los acontecimientos en vivo y con imágenes impactantes, sobre todo los tres últimos días, cuando hubo cinco muertos, cientos de heridos y otros tantos detenidos. Fue hacer una especie de etnografía virtual.

También seguí los debates de los pueblos indígenas alojados en la Casa de la Cultura “Benjamín Carrión”, ubicada en el centro norte de Quito. En éste se podía percibir la bronca e impotencia hacia un gobierno que les puso miles de bombas lacrimógenas. Pero también su fortaleza, incluso con canciones guerreras de los pueblos amazónicos como los Shuar. Fue muy triste seguir el velatorio con plegarias indígenas a los dos primeros indios que habían caído en la lucha.

Ante la huida del presidente Moreno a Guayaquil, el movimiento indígena y popular quiso tomar la Asamblea Nacional, que está cerca del lugar donde estaban alojados. La respuesta del Gobierno fue decretar el estado de excepción desde las 15.00 horas y militarizar Quito. ¡Eso sí es dictadura! Fue como ver películas de acción cuando el movimiento indígena y popular tomó las oficinas de la Contraloría. Desde algunos de los pisos de aquel edificio se pudo observar sillas, muebles y papel que fueron arrojados y que sirvieron para encender fogatas con el fin de apaciguar los gases.

En las redes sociales pude leer voces de solidaridad y admiración de los quiteños con los luchadores indígenas, pero también posiciones antiindias y trogloditas. Por ejemplo, la alcaldesa de Guayaquil, Cinthya Viteri, o el exalcalde Jaime Nebot lanzaron discursos racistas, exigiendo que los indios se queden en el páramo y no vayan a Guayaquil a estropearlos. También vi con mucha alegría a jóvenes citadinos llevando víveres a la Casa de la Cultura, y a gente de la Cruz Roja atendiendo a los heridos o asfixiados por los gases.

Representantes de las Naciones Unidas y de la Comisión Episcopal de Ecuador fueron los que propiciaron la pacificación, mediante el diálogo, entre el movimiento indígena y el Gobierno, que terminó con la abrogación del decreto citado. Varios medios de comunicación mostraron la algarabía de la gente que festejó el triunfo del pueblo ecuatoriano, frenando el paquete del FMI. El lunes aún transmitían algunos canales y radios resaltando cómo los movimientos sociales, que protagonizaron las luchas, limpiaban mediante una minga las calles de Quito, sobre todo alrededor de la famosa plaza El arbolito. Wali kusawa khichwa jilata kullakanakaxa Ecuador markanxa wali unxtasiwayapxi Lenin Moreno ch’uxña jaqitaki. ¡Jallalla Conaie, Fenocin, Cut!

* Aymara boliviano, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA

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