Columnistas

¿Levantar el ancla cambiaria?

La selección de un régimen monetario equivale a decidir cuál es el ancla nominal preferida.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

01:27 / 15 de mayo de 2017

Levar anclas es un término náutico que significa levantar el ancla fondeada. Un ancla nominal puede definirse como aquel instrumento de política que permite orientar y guiar las expectativas inflacionarias de los agentes económicos. El objetivo principal de la mayoría de los bancos centrales es la estabilidad de precios, aunque va acompañada con otros macroobjetivos, como impulsar el empleo, la estabilidad financiera, etc. Para obtener esta meta se necesita adoptar un régimen monetario que implique la presencia de un “ancla nominal”. Esta ancla vendría a ser el objetivo intermedio utilizado para la consecución del propósito final de la estabilidad de precios.

La selección de un régimen monetario equivale a decidir cuál es el ancla nominal preferida. Según el FMI, los países miembros de esa organización aplican básicamente tres regímenes de política monetaria: ancla del tipo de cambio (47%), metas monetarias cuantitativas (13%), metas de inflación (18%) y otros regímenes (22%).

De acuerdo con el BCB (2013), “en el caso de Bolivia, la instrumentación de la política monetaria se realiza vía cantidades. Se establecen metas cuantitativas que constituyen un elemento central de la prudencia de la autoridad fiscal y su compromiso de preservar la estabilidad macroeconómica”. Una variable guía, que es el objetivo intermedio de jure, es el crédito interno neto del Banco Central al sector público no financiero.

Sin embargo, en los hechos se utiliza de facto al tipo de cambio fijo como ancla nominal, lo que le permite al BCB orientar y guiar las expectativas inflacionarias de los agentes económicos. Así, en su Informe de Política Monetaria de enero de este año, publicado en abril, señala: “Frente a la elevada volatilidad de las paridades cambiarias de las economías vecinas, la estabilidad del tipo de cambio en Bolivia contribuyó a anclar las expectativas de los agentes y evitó el surgimiento de presiones inflacionarias externas, coadyuvando a la orientación expansiva de la política monetaria”.

El problema es que ante un contexto de lenta recuperación de los precios del petróleo, después de una caída brutal, y la tendencia hacia una salida de capitales al exterior, el grueso del desequilibrio externo lo está soportando la pérdida de reservas internacionales. Por eso, en mi libro Bolivia. Crisis externa y política cambiaria (Plural Editores), con la finalidad de contribuir con un insumo para la toma de decisiones, presento una propuesta de régimen cambiario deslizante, junto con un mecanismo de cobertura cambiaria con operaciones forward.

Al levantar el ancla cambiaria son previsibles sus impactos en la inflación y en la bolivianización. El FMI estima que una devaluación del 10% tendría una respuesta acumulada de los precios al consumidor, dos años después, en una proporción cercana al 2,5%. La idea de la propuesta es que al anunciar el tipo de cambio se permitiría anclar las expectativas en un contexto de un nivel adecuado de las reservas internacionales.

Es probable también una reacción hacia la dolarización; sin embargo, el proceso de bolivianización es firme y el Banco Central cuenta con varios instrumentos como el encaje diferenciado por monedas para contrarrestar esta tendencia. Asimismo se sugieren varias medidas para preservar el incentivo de las tasas de interés para los depósitos y bonos en moneda nacional. Un análisis más detallado de la propuesta está en el libro Bolivia. Crisis externa y política cambiaria, prologado por el Dr. Juan Antonio Morales. 

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