Columnistas

Liberación de Auschwitz

El crimen ha dejado en Auschwitz el peor de sus actos, la huella más infame de cuantas existieron.

La Razón (Edición Impresa) / José Félix Díaz Bermúdez

00:13 / 15 de febrero de 2018

Llegará el día en que termine esta horrible guerra y volveremos a ser personas como los demás, y no solamente judíos” (Anna Frank).

Si algo afecta, humilla y ofende a la conciencia de la humanidad es el doloroso recuerdo de Auschwitz. La intolerancia, el odio, el crimen ha dejado allí el peor de sus actos, la huella más infame de cuantas existieron. Millones de personas deportadas, despojadas, sometidas al viaje final que propició la ambición de un hombre; la ambición de un grupo opuesto a la libertad del individuo, a la democracia, a la libertad; crueles y vengativos contra razas humanas que consideraban inferiores, objetivos y enemigos por destruir. Cualquier doctrina que se oponga a los derechos esenciales es inadmisible, porque desconoce la naturaleza del hombre y vulnera su irrenunciable dignidad.

En los campos de concentración alemanes establecidos en distintos lugares de Europa se ejecutaron las peores violaciones. Arribaron miles de personas en vagones de trenes. A su llegada se les despojaba, se les dividía, se les clasificaba. Para ellos los prisioneros ya no eran hombres, ni mujeres, ni ancianos, ni niños; eran cosas, objetos, esclavos, seres degradados por su origen, pensamiento, cultura y tradiciones.

Solo en Auschwitz-Birkenau fueron martirizados 1,5 millones de inocentes. Otras cifras señalan que en los campos de exterminio de Polonia fallecieron 3 millones de personas. Para todos, para los que creemos en la democracia y en la libertad, es un lugar abominable que denuncia la impiedad y el horror. Un testigo de aquel infame hecho que terminó el 27 de enero de 1945 señaló que “nunca había visto algo tan abominable (...)”. En cambio, otros fanatizados políticamente admitían aquello y conducían a su muerte a millones de seres humanos considerando, como Heinrich Himmler, que estaban escribiendo una gloriosa página de la historia alemana.

Entre los destinados a aquel campo no solamente se encontraban judíos y eslavos de origen, sino también demócratas, clérigos, socialistas, comunistas, hombres de diversas tendencias ideológicas opuestos al régimen nazi; así como también personas segregadas por sus limitaciones físicas y mentales. Los bienes de millones de personas desaparecieron mientras que funcionarios del Gobierno contabilizaban el producto de los robos.

Mientras que en la entrada de Auschwitz se destacaba el lema: “Arbeit macht frei” (El trabajo os hará libres), se imponían agobiantes jornadas de trabajo forzado, sin alimentos ni descanso, la más vil explotación del hombre, obligando a grupos de presos a participar en el proceso de eliminar a sus propios hermanos. Cuando los soviéticos ingresaron al campo, el 27 de enero de 1945, encontraron a más de 7.000 personas, enfermos en su mayoría, debilitados por el hambre, muchos de ellos moribundos. La noche previa los nazis habían volado las instalaciones de los crematorios a sabiendas de la proximidad del enemigo. Aquel día cientos de niños salieron de Auschwitz famélicos, huérfanos muchos, con camisas de rayas de hombres puestas en sus cuerpos, tomados unos y otros de las manos. Varios de esos niños habían sido objeto de experimentos aberrantes, se les inocularon enfermedades para estudiar sus efectos.

Extrañamente, la prensa comunista no destacó de manera significativa la toma de Auschwitz ni hizo mención que habían fallecido allí 1 millón de judíos. En el momento existían ya tensiones entre los soviéticos y los norteamericanos y británicos con respecto al destino de Polonia, pretendiendo los primeros dominar el país. La supuesta “campaña de liberación” que se inició por parte de los soviéticos de la parte oriental del territorio de Polonia el 17 de septiembre de 1939 evidenciaba su verdadero interés, y explica el silencio oficial ante la liberación de los presos en Auschwitz, no señalados específicamente como judíos, sino como víctimas, según ellos, del capitalismo y el fascismo.

Es terrible lo que la humanidad ha vivido, es terrible lo que no ha dejado de vivir. Tal es el reclamo apremiante y aleccionador que formula y formulará por siempre a la conciencia humana lo acontecido en Auschwitz.

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