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Libertarios
Nadie tiene el derecho de apropiarse de los bienes de otros sin el consentimiento de sus propietarios
La Razón / Alejandro F. Mercado
02:07 / 10 de noviembre de 2012
Rómulo Chumacero Escudero, quien es uno de los más destacados economistas bolivianos y uno de los de mayor prestigio internacional, en una de las oportunidades que estuvo en el país ofreció una conferencia que derivó en la diferencia entre la lectura de la realidad desde la óptica de un economista, y la de quien no está iniciado en la ciencia económica. Una vez acabada su exposición, uno de los asistentes comentó: —Dr. Chumacero, el tema me parece muy sugestivo, aunque creo que usted es un neoliberal. El profesor Chumacero esbozó una sonrisa y respondió: —Usted está equivocado, no soy un neoliberal, sino un libertario, lo cual significa neoliberal multiplicado por diez.
¿Qué significa ser un libertario? Ser libertario es una filosofía de vida, una manera de ver y entender el mundo basada en ciertos principios, entre los cuales los más importantes son: la propiedad de uno mismo y el denominado axioma de la no agresión. El primero destaca que todos y cada uno de los seres humanos son dueños de su propia vida y ninguna persona, ni ningún grupo de personas, puede tener más derecho que uno mismo sobre su propia vida, así como también el hecho de que, bajo ninguna circunstancia, nadie debe ser dueño de la vida de otros. El axioma de no agresión establece que ninguna persona, ni grupo de personas, puede cometer una agresión contra otra persona o la propiedad de otra persona.
De estos principios se desprende que el producto de la vida de las personas, es decir el valor que cada uno creó con su esfuerzo, su sacrificio y su talento, es de su propiedad y tiene un carácter inalienable, es la parte de la naturaleza que una persona convirtió en algo de valor. De allí no se lee que los bienes que las personas producen no puedan ser transferidos a otras, sino que estas transferencias de bienes deben ser el resultado de intercambios voluntarios. Nadie tiene el derecho de apropiarse de los bienes de los otros sin el libre consentimiento de sus propietarios o, en otras palabras, no es aceptable el uso de la violencia para obligar a un intercambio o forzar la cooperación en contra de los deseos de las personas.
En palabras de John Locke: “Todo hombre tiene la propiedad de su persona. Nadie más que uno mismo tiene derecho a esto. El trabajo de su cuerpo y el de sus manos, podríamos decir, son en verdad suyos. Entonces, todo aquello que él saque del estado en que lo ha provisto y dejado la naturaleza, y con lo cual ha mezclado su trabajo, lo convierte en algo que le pertenece, y por lo tanto lo hace de su propiedad”.
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