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Miguel de Cervantes fue un quijote en la España sanchopancesca. La vida lo vapuleó hasta su muerte

La Razón (Edición Impresa)

00:02 / 22 de abril de 2015

Miguel de Cervantes Saavedra fue un quijote en la España sanchopancesca. La vida lo vapuleó hasta su muerte, el 23 de abril de 1616. Su cuerpo fue envuelto en un hábito de franciscano. Al morir supo que su libro El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha era un gran negocio de editores piratas. Por eso, el 23 de abril es el Día del Libro, de la lengua y de los derechos de autor. En esa misma fecha nació William Shakespeare, quien murió el mismo día y año, 1616.

Niño con hambre, Cervantes fue echado de una escuela por tartamudo. Padeció cárceles y afrentas de nobles y villanos. Unos traficantes de gente lo encadenaron en Argel junto a moros convictos. Se hizo soldado de paga y en una batalla (Lepanto) perdió el brazo izquierdo. Pidió ser indemnizado, pero España se burló de él y le birló el billete. De sus amoríos con Cilena, una dama pobre, nació un hijo que se llamó Promontorio. Por cinco meses fue esclavo de un negrero albanés. La iglesia lo excomulgó porque, cobrador de impuestos, exigió que los curas pagasen gabelas. Fue encarcelado por robarle dinero al fisco, siendo que el banco de usureros donde él depositaba los tributos quebró. Sus hermanas, Andrea y Magdalena, se prostituyeron para juntar el dinero de una fianza. Los célebres Lope de Vega y Quevedo gestaron su expulsión de una academia porque él presumió que podía escribir mejor. ¡Uff! Tal vez Quevedo le dedicó un aforismo maldito: un manco recauda más porque roba solo la mitad.

En su desesperanza, en 1587 pidió ser enviado a América como corregidor de la Ciudad de Nuestra Señora de La Paz. Fue rechazado por carecer de timbres nobiliarios; su currículum era el de un maleante. Se dice que si habría venido a La Paz, no hubiese escrito ese libro. “Don Quijote en rebeldía gracias porque propusiste venir aquí sin la triste figura de la agonía. Vivir loco a sangre fría y morir cuerdo dijiste, por esa praxis existe la libertad cada día. Amamos tu altiva traza cuando cabalgas la plaza Murillo sobre el desvelo. Igual si vas por El Prado con Sancho Pueblo a tu lado, señor que pisas el suelo” (JMT).

En la cárcel escribió Don Quijote de la Mancha, sin amargura y mucho humor. Novela polifónica, con las voces venidas de otras lenguas que hoy son nuestro idioma. Texto de gracia y tristeza, realismo y fantasía, delirio y razón, verdad y mentiras. La vida, pues. “La vez que leí el Quijote me provocó mucha risa; cierto, lo leí de prisa, pero qué gracia, qué dote del gran caballero al trote. Lo leí de nuevo en coro y me ganó cierto azoro, me puse serio, muy serio. Hoy, lo digo sin misterio, leo Don Quijote y lloro” (JMT).

En Madrid están diciendo que hallaron los restos de Cervantes, 399 años después. Puede que luego nos digan que dieron con la tumba de Don Quijote. Ja.

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