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Libros bicentenario

Como no hay amor sin crítica, considero que en la Biblioteca del Bicentenario faltan dos libros y sobra uno.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri Salmón

00:00 / 26 de diciembre de 2014

Salió la lista de los 200 libros que publicará la Biblioteca del Bicentenario. Es una excelente noticia, primero, que el Estado proporcione textos baratos; y segundo, que se haga una recapitulación del país. Estoy de acuerdo con el 99% de los textos. Aunque soy consciente de que habrá que trabajar muchísimo (las solas antologías demandarán tiempo y talento), creo que llegaremos a buen puerto.

Sin embargo, como no hay amor sin crítica, considero que faltan dos libros y sobra uno. Comencemos por el final. Me parece que el ensayo Pueblo enfermo de Alcides Arguedas está de más. Sé que todo texto debe ser visto con los ojos de la época. Y que Arguedas fue una variante del pensamiento oligárquico de la época, por tanto, discriminador y racista. Pero Pueblo enfermo transgrede la interpretación sociológica e histórica y quizá debería verse más con los ojos del psicoanálisis.

Bueno, los que sí debían estar son La dramática insurgencia de Bolivia de Charles Arnade, y Atrevámonos a ser bolivianos de Carlos Medinaceli.

En el primer caso porque es una extraordinaria investigación que demuestra los intereses detrás de la creación de la República; y denuncia que, con excepción del paceño José Miguel Lanza, ninguno de los fundadores de nuestro país luchó ni un segundo en contra de las autoridades españolas, de las que fueron incluso aliadas hasta momentos antes de la derrota final de los ibéricos. Una obra nodal para entender por qué Bolivia nació bajo el amparo de una oligarquía antiindígena que nunca pudo garantizar el desarrollo del país, porque tenía los pies amarrados por el ancla del feudalismo.

A su vez, el epistolario de Medinaceli describe una época pero también la tragedia de los intelectuales bolivianos. Nunca olvidaré la frase del autor de La Chaskañawi: “Escribir en España, dice Fígaro, es llorar. Escribir en Bolivia es matarse”.

Medinaceli fue el hombre del talento, de la lectura, pero también del dolor (hombre sensible como el que más) que lo llevó a la bebida.

Atrevámonos a ser bolivianos desnuda al hombre que ni llegaba a pesar 50 kilos antes de su muerte, pero también nos da la estatura del héroe, del escritor que se atrevió a mirar a Bolivia y ser su hijo.

Por una casualidad de la vida leí estas tres obras comentadas a la misma edad: 16 años. Las tres me ayudaron a asumirme hijo de esta patria.

La de Arguedas, por la rabia con la que la leí; la de Arnade, porque me descubrió que detrás de la parafernalia de himnos y discursos hay más de una verdad oculta; y la de Medinaceli, porque —como diría Neruda— “para nacer he nacido...”, y porque para morir lo haré como vástago de este que es el país de mis desvelos.

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