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Pasa el tiempo y creo cada vez más en ese dicho: ‘los libros son amigos que nunca te decepcionan’ 

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:02 / 29 de abril de 2014

Este miércoles 23 pasó el Día Internacional del Libro sin gran repercusión en la prensa y la televisión. Mejor es afirmar que les importó un comino, porque la noche anterior el club Bolívar clasificó a cuartos de final, y por supuesto, no había espacio para conmemoración tan “aburrida”. Los medios se ocupan de los libros cuando muere un grande de la literatura, recién entonces descargan sus tinteros y verborrea.

Para celebrar el día 23 como se merece, hablaré de los libros que fueron y son para mí compañeros de verdad en el largo camino para conocer a esta ciudad, con ellos me pude  adentrar en La Paz profunda, guiado como por fieles lazarillos.

El primer gran libro es El loco del pintor Arturo Borda. Es una obra grandilocuente que nos lleva a las entrañas de la ciudad a través de una infinidad de pasajes brillantes y perturbadores donde brota la paceñidad químicamente pura. El segundo autor es Jaime Saenz, quien tiene varios libros sobre esta ciudad. Yo me quedo con Felipe Delgado, Vidas y Muertes e Imágenes paceñas. Este último tiene párrafos breves y categóricos sobre los sitios emblemáticos del centro paceño. El segundo es un retrato de personajes paceños, pero tan paceños que ya son seres inconcebibles; pero es Felipe Delgado la novela que nos llevará por siempre a través de las honduras y depresiones mayúsculas de este sitio. Con esa novela sí que bajamos a las entrañas mismas de esta tierra para resurgir plenos de júbilo poético, porque el espíritu andino siempre resucita. Tengo dos libros preferidos sobre la ciudad actual (tan enmarañada y caótica) que la gozamos y sufrimos hasta el delirio: Cuando Sara Chura despierte de Juan Pablo Piñeiro y Periférica Boulevard de Adolfo Cárdenas. Con el primero giramos alrededor de la fiesta y de la presencia monumental de la mujer paceña; y con el segundo gozamos de la delirante polifonía del hablar paceño para inaugurar los cambios de estilo tan propios de nuestra  expresividad. En ambos libros encontramos personajes tan inolvidables como el inventor Falso afán y su ayudante Puntocom o el ininteligible Paco Severo Fernández.

Quizás los lectores tengan otros libros favoritos sobre esta ciudad,  pero yo me quedo con los antes mencionados. Son mis predilectos y los releo siempre. Me dan goces y placeres que son diferentes a los generados por los goles del Bolívar, porque sus energías son persistentes y tenaces. Los goces de la lectura son atemporales, mientras que los del fútbol se parecen a las delectaciones carnales, duran una sarta de cohetillos. Por ello, yo seguiré amaneciéndome con libros. Esos cuates tienen un aguante envidiable y son más leales que nadie. Pasa el tiempo y creo cada vez más en ese dicho: “los libros son amigos que nunca te decepcionan”.  

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