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‘Like’

Es que como dice Coco Manto ‘hasta para ser maestro hay que tener clase’.

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

04:20 / 04 de marzo de 2017

Los cazatalentos ahora estarán lanzando sus redes por los bares. Acaba de recobrar nueva fuerza y sentido filosófico una de las frases más populares de las cantinas: “el trago ilustra, la comida embrutece”. Pero desde el lugar en que te encuentres, con varias copas adentro, se puede también ir en busca de los cazatalentos mediante las redes sociales y unas breves grabaciones de pasajes de la borrachera. Un autocasting, confiado en que los expertos en marketing de los medios de comunicación te descubran, te lleven al set para entrevistas, te copien tus sesudos devaneos etílicos en los periódicos y los sensibles concejales de El Alto te rindan homenaje. Y ya está, eres famoso.

Esto, que hasta hace poco podía no pasar de una charla entre borrachos, ahora es un hecho de la vida real. Y aquí no hay ninguna intención despectiva ni moralista sobre absolutamente nada (no tengo nada contra el trago, aunque a veces no entiendo qué tiene el trago contra mí).

Sin embargo, de este “fenómeno”, no puede dejar de llamar la atención el culto a lo fácil. El mensaje del éxito y la fama sin ningún esfuerzo. Es cuestión de atreverse, de ser osado, de proponerlo a nivel masivo y, por ahí, la pegas con miles de cuates que te regalan un like y el marketinero que te invita al canal y el periodista que te hace la nota y el concejal (en realidad todo un Concejo Municipal, incluida su Alcaldesa) que te rinde homenaje. Es nada más cuestión de lanzarse.

Al otro lado de la osadía están quienes creen más bien en el esfuerzo por propia voluntad o porque no les queda otra. Se le solía decir superación y necesita disciplina, trabajo, dedicación, en muchos casos nada más que con el solo afán de sobrevivir.

Hace años se introdujo en la radiodifusión el carajazo para cobrar notoriedad. De pronto empezamos a escuchar adjetivos, insultos, varios etcéteras, incluyendo chistes colorados y púrpuras. Desde entonces se impuso un nuevo estilo para ser diferente, para atraer audiencia y la audiencia atrae publicidad, pero además fama, éxito, y ya está. A falta de preparación, de proponer temas interesantes, de algún esfuerzo y respeto por la audiencia, el carajazo.

Y podemos ir sumando ejemplos. El año pasado la señorita que para ser famosa no tuvo problema en restregar su desnudez contra unos sillones de cuero y, además, gemir (uno al final no sabe qué está vendiendo). Como en aquél cuento de Cabral (Facundo), cuando una marca de cigarrillos usó para su publicidad caballos que salían corriendo, dice Facundo que en su pueblo aumentó la venta de caballos.  

Claro que es cuestión de leyes del mercado. Del otro lado tiene que haber un consumidor y ahí empieza el proceso. Sin el consumidor no hay venta. Los cazabobos menosprecian al consumidor, pero lo necesitan desesperadamente. Lo extraordinario es que, en muchos casos, lo consiguen.

Con la fiebre de las redes, algunos pasos se simplifican. Es cuestión de poner la palabra “viral” y ya está. Medio mundo lo verá porque alguien le dijo que es viral, que medio mundo ya lo vio. De ahí en adelante, el plato está servido para algunos marketineros de medios, para algunos periodistas, para algún

Concejo Municipal y su Alcaldesa que están a la espera de que los likes decidan su audiencia, sus temas y sus premios. Es que como dice Coco Manto “hasta para ser maestro hay que tener clase”.

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